EL SUR TAMBIÉN EXISTE







"Pero aquí abajo abajo,cerca de las raíces,es donde la memoria ningún recuerdo omite. Y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible. Que todo el mundo sepa que el Sur también existe" Mario Benedetti.


"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es aullar sin ruido" M. Duras http://t.co/


viernes, 21 de marzo de 2014

EL CAMINO DE LOS POETAS. ANA MARÍA MANCEDA.( EN EL DÍA DE LA POESÍA. UNESCO)

EL CAMINO DE LOS POETAS. AUTOR: ANA MARÍA MANCEDA.





Caminamos...
Construimos el camino deslizando las arenas
Triturando los vientos
Hurgando la historia que se desvanece
Caminamos...
Apretando con los dedos una lágrima de mar.
Caminamos...
Nuestras narices se independizan
Inhalan todo el olor del universo
Se sumergen en el polvo cósmico
Que originó los rostros de la vida
En los pétalos de las rosas húmedas
En las hierbas mojadas por el rocío.
Caminamos...
Como huyendo , como buscando
No queremos y sí queremos
Estar acompañados de la soledad
Caminamos...
Con la piel herida de tanto sentir
Y el milagro llega en cualquier momento.
Hay una complicidad de luces
Entre las noches y los días
Cuando nace un poema.
Luego
Seguimos caminando
Cual errantes nómades por el desierto
Escudriñando los silencios
Tapándonos y desnudándonos en los solsticios.
Caminamos y caminamos...
Hasta oír, olfatear, sentir en nuestra piel
El suave aleteo que se acerca
Hay una complicidad de luces
entre las noches y los días
Atentos, sabemos ,
que el poema está por llegar.

martes, 18 de marzo de 2014

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Colaboradores:

Lucy Alonso, Ana Matías Rendón, Edgar

Daniel Maldonado, Rocío Muñoz Peralta,

Moisés Torres López, Jorge Daniel Ferrera

Montalvo, Ana María Manceda, Simón

Paulino Escamilla, Renato Galicia Miguel

(Colectivo Xuumy), Ángel Padilla,

Eduviges Villegas Pastrana, Gilberto

Blanco Hernández, Netzahualcóyot

lunes, 3 de marzo de 2014

UNA PIEDRA EN EL DESIERTO. Ana María Manceda


                 


                                                                             
               El viento ardiente esparce la arena, mientras el sol dibuja en la atmósfera  millones de pequeñísimos arcoiris con las partículas danzantes. De pronto la  quietud y el silencio. Un pequeño insecto, cuyo color se confunde con el paisaje, deambula entre las olas de arena, sorprendido observó un obstáculo, para él una montaña, decidido comenzó su ascenso de manera pertinaz. Al llegar a la cima buscó una estrategia y finalmente se deslizó hacia el mar dorado.
              En ese espacio desolado el tiempo cobra otro ritmo, la temperatura no encuentra escollos civilizados y baja a medida que la luna se va desplazando en su nocturno viaje. La piedra, estática durante el día, se encoge durante la noche, como respuesta a la crueldad climática.
              En esos días sin horas, un guerrero montado en su negro caballo, cruza veloz, su cuerpo y cara protegidos evita el ardor de la arena. Sus armas en la espalda, su mente en la guerra. Las patas del animal tropiezan con una piedra  pero sigue su camino, luego todo sigue igual.
                Un mercader fatigado va junto a su camello cargado de valiosas mercancías. Los cálculos monetarios que realiza  pensando en las ventas que realizará en el pueblo del próximo oasis, lo estimulan a seguir el viaje. Mira de reojo a la piedra, es rara, no brilla, no tiene ningún valor, ni siquiera para adorno.
                Siempre el sol presente y el aire que quema. Llega hasta la piedra un sabio. Éste recorre el desierto una vez al año con la esperanza de encontrar una señal divina, una revelación. Al sentarse observa la quietud de la pequeña roca, el viento sopla suave, aún así provoca el desplazamiento de las dunas de arena. Luego de varias horas de reflexión concluye que ese cuerpo,  ¿Inorgánico? No se mueve, a pesar de ese universo donde todo es movimiento, debe ser por algún mandato divino y debe quedar ahí.
               Las estaciones se suceden, pero en esos paisajes, las variaciones de solsticios y equinoccios apenas se detectan, el sol es el mago, sus juegos de luces son los que descubren los cambios. En dirección hacia el pueblo se acerca un jinete, es un guerrero malherido, las patas del animal atropellan la piedra, ésta no se mueve, sólo parece estremecerse ante las gotas de sangre que caen sobre ella.
             Una tarde, en la que el desierto agoniza en llamas, llega una mujer cuyo cuerpo y rostro delatan un gran sufrimiento, agotada se deja caer en la arena y rompe en sollozos. Las lágrimas caen sobre  la piedra, exangüe se adormece. El sol está en camino e ocultarse, la temperatura comienza a bajar, la mujer se despierta, le parece haber vivido una pesadilla, pero no, su marido, el guerrero, ha muerto. Súbitamente queda asombrada al mirar la piedra, ésta se había abierto en una perfecta simetría, transformándose en una bella flor. Le pareció una imagen esperanzadora, en medio de la aparente nada, sobrevivía ese extraño ser.
            En el horizonte comienza a divisarse el brillo de las estrellas, la arena se iba vistiendo de opacidad. La flor luego de eternizarse comenzó a desaparecer en la piedra quieta. La mujer, solitaria en su camino, retorna a su casa con una certeza; lo aparente no es lo real y  cuidará amorosa  su jardín de rocas.***



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