EL SUR TAMBIÉN EXISTE







"Pero aquí abajo abajo,cerca de las raíces,es donde la memoria ningún recuerdo omite. Y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible. Que todo el mundo sepa que el Sur también existe" Mario Benedetti.


"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es aullar sin ruido" M. Duras http://t.co/


lunes, 31 de agosto de 2015

GRACIAS MAMITA . Ana María Manceda


                                         
                                             Guayasamín

 La mujer se  toma  la cabeza repitiendo  de manera monocorde ¡Gracias mamita! ¡Gracias mamita! mientras balancea  su cuerpo al ritmo del abrupto andar del viejo Citroën, Víctor maneja en silencio, su cara como siempre trasluce  esa serenidad que desafía mi frágil equilibrio emocional. Sentí odio hacia la situación que había provocado la interrupción de nuestra discusión ¿Nuestra? Creo que era un monólogo desesperado sobre la  esterilidad de nuestro matrimonio. No podíamos tener hijos. Debíamos saber la causa, buscar ayuda médica. Yo sentía como si el paredón de los cuarenta años se acercara peligroso a derrumbarse sobre mi desesperación, sobre mi vacío, sobre la angustia adherida a mis días impotentes.   ¡Deseaba tanto tener un hijo!  En el momento más intenso de mi discurso, en el que las palabras se cortaban por la amenaza del llanto , apareció la imagen fantasmal de la mujer en medio de la nada, en medio de esa niebla que todo lo tapaba, no podíamos ver el camino por el cual ascendíamos. Con movimientos enérgicos de  sus brazos,  nos pedía socorro y él paró. Ella subió por la parte trasera de la camioneta, se sentó en cuclillas sobre los almohadones desparramados y comenzó su letanía-¡Gracias mamita! ¡Mi hombre me castiga y me escapé, me pega mucho, mucho, y me escapé! ¡Gracias mamita!- Quise sentir piedad por ella  ¿Cómo hacer si la piedad sobre mi misma me cegaba? Me había hecho muchas ilusiones con este viaje, pensé que en la soledad del trayecto enfrentaríamos nuestros desencuentros.

            El día anterior  habíamos cruzado la frontera  por la Cordillera de los Andes, en busca del pueblito y la playa soñados del Océano Pacífico. En otoño estallan los colores en los bosques patagónicos y una dulce tregua climática nos ofrecía días soleados. Ya en las rutas chilenas nos sorprendió la forma de un hongo entre las nubes. Al llegar al hotel nos enteramos que había erupcionado un volcán cercano, según los lugareños un hábito periódico de este empecinado paisaje.  Luego de una cena especial con mariscos y vinos de la zona subimos a nuestra habitación. Seducidos por el encanto  y la atmósfera  exótica del lugar, nuestros cuerpos se encontraron en un  recorrido de años, camino de rutina, vértigo, desasosiego y ceremonias tradicionales.  No era el tiempo de charlas decisivas. Descansamos extenuados.


          Por la mañana, el volcán  había dejado una capa de sedimentos ligera, oscura que cubría  las calles y las casas,  La niebla no nos permitía avizorar el mar. Decidimos ir a almorzar a un lugar más cercano a la costa y desde ahí poder admirar la soberbia del océano . Luego de comer caminamos por la playa, tuve el instinto de correr y sumergirme en esa espuma grisácea  y blanda que se elevaba orgullosa sobre las  excitadas aguas. Sentí un frío interno, paralizante,  me quedé en mi lugar. Mi estructurado lugar.

        Decidimos recorrer con el coche los caminos cercados por rocas que se me antojaron de un paisaje prehistórico. Subíamos de manera lenta, el  mundo que veíamos era de una belleza extraña  y en ese momento, no pude silenciar mi angustia, comencé con  mi prédica. Saltaron las palabras como flechas desesperadas, como manojos de fuego. Víctor serio, se aferraba al volante,  la mirada fija sobre un sendero inexistente.  Fue en uno de los recovecos que encontramos a la mujer. Traté de calmarme, tragarme las lágrimas, la impotencia, el odio, me di vuelta y la miré, ella fijó sus ojos en los míos. Eran dos líneas  chispeantes de tristeza y humillación. La cara arrugada, seca, marcada por el sufrimiento de la vida, estaba sostenida por sus manos contraídas como garras, un sucio pañuelo de posible color claro tapaba su pelo. Sus labios balbuceaban incoherencias, lo único descifrable era el- ¡Gracias mamita!   

        Desde las lágrimas sentí que la piedad huía desde mi  ciego egocentrismo para rozar el triste destino de la desconocida.  De pronto me señalo con uno de los dedos  deformes - ¡ Ahí!  ¡Ahí me encontraron!  Giré la vista. Desde lo alto la niebla era menos densa,  se podía ver los círculos  que daba el camino, el lugar que  señalaba era una roca en ángulo agudo que amenazaba con lanzarse al mar. Abajo, muy abajo, las olas elevadas sobre la espuma grisácea  rugían furiosas.  El terror me invadió. Víctor paró el coche,   miramos el lugar donde ella apareció  y sin hablar supimos que al parar para socorrerla nos había salvado la vida, ya que con la niebla solo veíamos trozos de camino y nos era imposible ver que éste rodeaba la roca que perecía lanzarse al mar. Buscamos una zona plana par dar la vuelta y regresar al hotel. El pequeño espacio se llenó de silencio humano y rugido  de mar. Debíamos cruzar la niebla, el camino casi invisible ¿metáforas de nuestra vida? ¿Lo lograríamos? Solo teníamos que derrotar la impasibilidad de Víctor, mi desesperada estructura, romper ese círculo que nos ahogaba de egoísmo  y buscar la manera de decirnos, de decirle  a esta desolada,  milagrosa mujer  ¡Gracias mamita! 
R.C.Gorman

EL AELETEO DE LA MARIPOSA. ( La nostalgia desde el punto de vista del la Teoría del Caos) MENCIÓN DE HONOR CONCURSO INTERNACIONAL EDIT.NOVELARTE(CÓRDOBA.ARGENTINA) 2006 . EN ANTOLOGÍA “ ARTE EN TRES TIEMPOS”

             

                            Barco de mariposas. Dalí


Creí que estaba en reposo la nostalgia,
 pero en algún lugar del universo
aleteó una mariposa.

Como un río viajando por su cauce,
la mente esculpida a cada instante
timonea emociones en la rutina.
El caos acecha transparente,
lo simple se vuelve complejo
lo equilibrado comienza el desorden,
lo invisible se presenta inexorable. 
                                                             
Porque la nostalgia es perversa , parásita, seductora.
Omnipresente, se mezcla con el flujo de la sangre,
con el aire que inspiramos.
El bello paisaje se cubre de neblina,
la música escuchada proviene desde las sombras                                                                                                          
y pinta las caras extrañas que deambulan por las calles.
entonces...
El poema es incipiente y el temido llanto asoma.
                                                                                                              

Creí que estaba en reposo la nostalgia,

pero en algún lugar del universo

aleteó una mariposa.

LOS JAZMINES TAMBIÉN PERFUMAN LA OSCURIDAD. Ana María Manceda

LOS JAZMINES TAMBIEN PERFUMAN LA OSCURIDAD
               Mención de Honor en concurso “1° CONVERGENCIA NACIONAL DE CUENTOS JUNINPAIS 2002) Editado en antología Editorial”EDICIONES DE LAS TRES LAGUNAS”. Junín.Pvcia.Buenos Aires.

              autor: ANA MARÍA MANCEDA

                                     



El calor la asfixiaba. Desde el patio le llegaba el aroma de los jazmines del país, penetrando y perfumando su piel. Se oía la estridente sinfonía que producía el croar de las ranas. Corrió suavemente la cortina de encaje; la negra Tomi, como Rosarito la llamaba, cruzaba su pesada silueta por entre las vasijas repletas de flores y esquivando diestramente el aljibe, hacía equilibrio con una  gran fuente repleta de pasteles que tenuemente brillaban de almíbar  «Seguramente los lleva para las habitaciones de la servidumbre, allí entre murmullos y suspicacias sobre la vida de los patrones, entre risas pícaras y bebiendo chocolate o tés de yuyos humeantes, vaciarían la bandeja, las muy diablas» , pensó la joven.
                  La oscuridad iba cubriendo la ciudad, Rosarito apagó las velas del candelabro y con una amplia capa negra se tapó el primoroso camisón de blancas puntillas que cubría su juvenil cuerpo. Su pelo castaño quedó oculto bajo la capucha del abrigo. Salió sigilosa, la noche nublada presagiaba lluvia, nada le importaba, su ilustre Tata estaría charlando y bebiendo licores con sus amigos en la sala, dejando caer miradas lascivas sobre las caderas y pechos de las púberes esclavas. Su religiosa madre  rezaría el rosario, arrodillada ante el altar que dispuso en su cuarto, rogando por la bendición de la virtud de su hija.
                   Se adentró por las calles barrosas, desoladas, apenas iluminadas. Sentía la libertad en su cuerpo y en su alma. Salía a sentir la vida. Los olores eran más fuertes lejos de las rejas y los muros de su poderosa familia. Las  risas, el sonido de los tamboriles, reemplazaban  a las tertulias de intrigas políticas que predominaban en su casa.  Quedaban en otro espacio, distantes,  el sonido de su piano, el aleteo de los abanicos  de las damas que tapaban el rubor ante un comentario indiscreto, el rum-rum de las sedas y satenes, deslizándose por los  baldosones.

                                      



                   Luego de andar unas cuadras, sintió unos pasos que se le aproximaban, su cuerpo se estremeció, creyó desfallecer y se apoyó contra un viejo portal. Los pasos se acercaban, luego el silencio. Todo era oscuro, pudo sentir el olor y la calidez de ese cuerpo tan deseado que a su vez quedó impregnado del perfume a jazmines de la joven. Las blancas puntillas resaltaban aún más entre las caricias de las oscuras manos de José. El torbellino sensual de los movimientos  y las quedas palabras amorosas fueron  aquietando la pasión, de manera sutil regresó el silencio, solo quedaba  la débil vibración de las respiraciones entrecortadas.
                   El regreso fue escondido, ligero. La llovizna cómplice atenuaba el poco ruido que producían los pasos juveniles. Ya dentro de la casa, al pasar por la habitación de la negra Tomi, escuchó la música y las risas. No soportó dejar de compartir y sin dudarlo abrió la puerta y entró. Las negras transformaron sus caras de alegría en las de terror, Rosario les hizo un gesto  de silencio con su dedo índice sobre su besada boca y un ademán como que sigan la fiesta y la fiesta siguió. La niña tomó un pastel almibarado y lo comenzó a saborear plácidamente, mientras Tomi le alcanzaba con sus morenas manos una taza de humeante té. Se miraron, Tomi le sonrió y Rosarito satisfecha de tanto placer observó que la negra tenía la misma sonrisa que su hijo José.***




                                      
                                                   


                                  
                                  
                                                                              
           
       


lunes, 24 de agosto de 2015

DÍA DEL LECTOR; NATALICIO DE JORGE LUIS BORGES



DÍA DEL LECTOR: NATALACIO DE JORGE LUIS BORGES. Fragmento del cuento "Las ruinas circulares" de Borges ¡Cómo un escritor puede definir un atardecer como la encía rosada de los leopardos! Solo un genio.
.....El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.









  1. Jorge Luis Borges
    1. Jorge Luis Borges
      Escritor
    2. Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo OBE fue un escritor argentino, uno de los autores más destacados de la literatura del siglo 
    3. Fecha de nacimiento24 de agosto de 1899, Buenos Aires
    4. Fecha de la muerte14 de junio de 1986, Ginebra, Suiza
    5. CónyugeMaría Kodama (m. 1986–1986),Elsa Astete Millán (m. 1967–1970)
    Escritor
  2. Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo OBE fue un escritor argentino, uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Wikipedia

Foto de Ana María Manceda.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Las condiciones materiales Un libro de entrevistas con autores como Margo Glantz, Ricardo Piglia, Rodrigo Rey Rosa o Alan Pauls establece una radiografía de la literatura latinoamericana actual

Las condiciones materiales

Un libro de entrevistas con autores como Margo Glantz, Ricardo Piglia, Rodrigo Rey Rosa o Alan Pauls establece una radiografía de la literatura latinoamericana actual

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La escritora mexicana Margo Glantz / LUIS SEVILLANO
Mauro Libertella, hijo del también escritor argentino Héctor Libertella, es el autor de El estilo de los otros,un volumen que reúne conversaciones con escritores latinoamericanos en activo. Si analizamos el libro como un tribunal de tesis, podrían surgir algunos peros en cuanto a la selección de los autores con que se rellena la casilla de cada país; la ausencia de ciertos países —Colombia— o la inclusión tangencial de otros —Perú—; la horquilla cronológica en la que se mueven entrevistados cuyas fechas de nacimiento oscilan entre Margo Glanz (1930) y Zambra (1975). Pero selección implica amputación y el corte de Libertella aspira a funcionar como “cápsula de futuro”: las interacciones propician una lectura activa a la búsqueda de coincidencias que probablemente tienen que ver con el estado actual de la literatura latinoamericana. Surge una red de condiciones de producción del texto que deriva en temas recurrentes: lo autobiográfico ficcional; el interés por una literatura política más preocupada en transgredir los géneros que por las realidades; la tensión entre referencialidad y centralidad del lenguaje; las conexiones con televisión y cine —Gumucio, Bizzio, Lissardi, Fuguet, Villoro, Pauls…—; el binomio, incluyente o excluyente, entre teoría y creación; cosmopolitismo y poliglotismo, así como la vinculación de los escritores con espacios que no son su territorio natal — Tánger y Rey Rosa, Berlín y Villoro, Nueva York y Molloy—; la dificultad de los jóvenes de matar al padre, al referente literario y político, una actitud que explica el conservadurismo de alguna de estas voces y nos lleva a reformular el significado del progresismo. Las referencias a otros escritores dibujan un mapa de la literatura latinoamericana del siglo XX y de lo que va del XXI: desde la omnipresencia borgeana a Fogwill, Bolaño, Puig, Onetti, Poniatowska, Rivero, Conti, Levrero, Dalton, Lemebel, García Márquez…
El libro puede ser leído en dos niveles: el del conjunto trazado por Libertella y el del discurso de los entrevistados. En este segundo nivel, surge la discusión de cada lector con los autores: El estilo de los otrosfunciona como vademécum que ayuda a corroborar impresiones previas o a construir nuevos prejuicios que nos encastillen en la voluntad de no leer jamás a fulano o, al revés, que nos hagan sentir la compulsión de superar una laguna y leer ya a mengano. Desde un punto de vista metodológico, Libertella hace de la entrevista un género mutante que coloca a los entrevistados en cierta desigualdad de condiciones, pero que ameniza la lectura; algunas entrevistas son convencionales — Bellantin, Fabián Casas, Rey Rosa—, pero otras parten de un juego de transformación: el rastreo por los datos de Wikipedia con que se interroga a Gumucio; el cruce de correos electrónicos con Nettel; la desaparición de las preguntas que da lugar a una pieza compacta y autobiográfica de Juan Villoro; las palabras clave de un abecedario desordenado que Diamela Eltit rellena de contenido…
En El estilo de los otros se suscita la reflexión sobre hasta qué punto los escritores son texto, personaje; hasta qué punto los escritores sienten la necesidad —creativa y publicitaria— de articular un discurso sobre sus obras y sobre ellos mismos. Todos nos vemos cada vez más abocados a solapar la escritura con una divulgación de los libros que no siempre es didáctica, sino fundamentalmente comercial. Hablar de uno mismo es a la vez algo natural y completamente artificial. La urgencia por ser visibles y generar sucesivos simulacros del yo —la expresión es de Eltit— se relaciona con esa cultura del espectáculo, festivalera, que tan bien se describe en estas entrevistas. Cabría preguntarse si tiene interés lo que un escritor dice sobre sus textos o si eso solo forma parte de “la turistización de todas las experiencias humanas” a la que alude Pauls. Castellanos Moya resume la cuestión parafraseando a Naipaul: “El tipo que escribe los libros y el que está hablando aquí contigo son dos personas completamente diferentes”.
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El estilo de los otros está recorrido por la inexorabilidad pegajosa de lo autobiográfico en la literatura; por la cuestión de si es más importante el texto o la personalidad; si tanto el uno como la otra son síntesis significativas de un tiempo y un espacio; si la biografía de un autor “es un gran invento literario”, como posmodernamente señala Fuguet, o si, como apunta Eltit, “lo importante son los textos y no la presencia del autor”. Al final, Piglia pone el dedo en la llaga y da sentido al proyecto de Libertella: las condiciones materiales de la escritura, desde los oficios del escritor y el uso de los ordenadores hasta la ceguera de Borges, inciden en el modo de escribir. Las condiciones materiales son pertinentes para entender lo que el arte pueda tener de misterioso e intangible. No conviene separar texto y contexto, retórica e ideología. A partir de ahí todos aprendemos a leer. 
El estilo de los otros. Mauro Libertella. Universidad Diego Portales. Santiago de Chile, 2015. 340 páginas. 26 euros.
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