EL SUR TAMBIÉN EXISTE







"Pero aquí abajo abajo,cerca de las raíces,es donde la memoria ningún recuerdo omite. Y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible. Que todo el mundo sepa que el Sur también existe" Mario Benedetti.


"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es aullar sin ruido" M. Duras http://t.co/


lunes, 16 de septiembre de 2013

“EL LAGO LÁCAR TIENE SUS SECRETOS” ANA MARÍA MANCEDA

“EL LAGO LÁCAR TIENE SUS SECRETOS”  ANA MARÍA MANCEDA



Nació en el cuaternario, cuando los hielos reinaban.
Es un largo fiordo azul donde cerros y bosques
en el alba se acicalan.

Cuentan
que hay una ciudad hundida en el fondo de sus aguas,
en la oscuridad de su vientre posee valles, cañadones
y colinas solitarias.

El lago tiene secretos que toda la ciudad calla.

Antiguamente este lago formaba parte de un reino,
un reino cuya corona de mutisias y amancays
perfumaba todo el valle
y dicen que era Sayhueque el rey de este paraíso.
Era un país encantando de fábulas y leyendas:
“En la ciudad de los Césares” se escondían los tesoros
y el murmullo de estos pueblos  del “País de los manzanos”
se fue perdiendo en el tiempo entre maderas y llantos.

Lago complejo, rebelde, tus caprichos enloquecen
¿Por qué tienes que viajar presuroso hacia el Pacífico?
¿Quizás haya una laguna que amorosamente te espera?
¿O será que a tu manera nos vas marcando un rumbo?
El pueblo de San Martín de Los Andes tiene su rebeldía;
la gente con sus protestas, la nieve con sus silencios
las bandurrias llorosas regresando a sus nidos,
y las lengas y los ñires en los dorados otoños
alfombran como escudos tu maravilloso entorno.

Cuentan
que entre las algas se esconden lágrimas de tristeza
que fueron atesoradas por nostálgicos inmigrantes.
Son pétalos de desarraigo que tratan de formar anclas.
En su playa hay peinetones, pulseras, anillos
y amores desengañados
que escaparon de sus dueños a refugiarse en el barro.
Dicen que esposas tristes se sientan en sus orillas
y mirando brillar la luna en las noches del estío
añoran otros amores, amores que ya se han ido.

Los jóvenes locos…locos se aman en los veranos.
Cantan, toman cerveza, se recuestan en la arena
y los seres solitarios perdidos en sus delirios
buscan en noches oscuras una luz en las tinieblas.

En los crepúsculos del largo invierno
no solo llora la gente, el cielo se vuelve cómplice
de esta melancolía
y derrama sobre el lago lágrimas de algodones.
Si alguien desesperado quiere bucear en tus fondos
coméntale sin temores que viva con esperanza,
que regrese hacia su casa y se permita ternuras,
de un hijo, un compañero o de un amigo del alma.

Tantos secretos  posee que a veces sufre su peso
y el viento levanta el agua como olas de lamentos.

Cuando un rico por ahí te llega a tirar monedas
para mostrar su soberbia del poder que lo rodea
escóndelas, guárdalas y cuando suba la marea
entrégalas a los niños que pasean por tu vera.
Son niños muy olvidados por los seres codiciosos
que gobiernan sin fronteras.
¡Tan pobres son sus acciones que ignoran
que la codicia es tapada por la arena!

Cuando el Pocahullo te acerque relato de los vecinos
no seas indiferente; las buenas nuevas las guardas
las otras que a la mar lleguen
no sea que tanta pena las ilusiones nos lleven.

¡Lago Lácar, fiordo azul! El de la ciudad escondida
custodia con tu belleza entre las algas y peces
las envidias, los pecados, las miserias, las fatigas.
¡Frágiles humanos somos!
Cuando caminemos con cadencioso donaire
distraídos, sigilosos, sobre tus caracoles y arenas
murmúranos al oído tus secretos con la brisa.

¡Enójate, levanta olas! cuando hieran tus espejos
que el ruido se haga murmullo, la piedra se la lleve el viento
sólo permite la orquesta de risas y de gorjeos
de violines y guitarras, del sonido de los besos
que enamorados niños se bañan en tus recuerdos.

Cerca del fin del milenio, en noche de luna llena
recíbenos místicos, callados, a prometer religiosos
una vida de luciérnagas
enterrando los fracasos muy profundo en tus arenas.***





San Martín de Los Andes, diciembre de 1999.






jueves, 12 de septiembre de 2013

LA ABUELA ROSARIO . Ana María Manceda

       LA ABUELA ROSARIO . Ana María Manceda                                     




Crecí junto a ella, la abuela Rosario.
La vida nos trajo hacia tierras húmedas
rociadas, mojadas por gotas de plata.
Quedaron tan lejos los cañaverales
las zambas, los ritos, pequeños lagartos.
Quedaron las tumbas, fantasmales gritos
de guerras patrióticas, de indígenas sabios.
Quedaban...quedaban...todas las raíces
el trópico, la selva, los cerros
perfumes lejanos.

¿Qué trajo con ella la abuela Rosario?
Más que palabras evoco sus silencios
trágicos silencios, silencios de ausencias
y su mirada, tierra oscura de musgos,
doliente, sorprendida de ver horizontes.
Su olor a naranjos y su caramelo de menta
y el cigarrillo de chala que fumaba por semana.
Sus velas, sus santos, su fe inquebrantable.

En la gran cocina de la casa platense
ella esculpía, pintaba con sus manos mágicas
el aroma lujurioso, el sabor profundo, misterioso
de las antiguas, exquisitas comidas del Noroeste;
tamales, tortillas, locros, empanadas
ají molido, cebolla de verdeo, ternura
y una niña quieta que heredó nostalgias
mirando asombrada, como se amasaba
con las manos mágicas, repletas de historia
un destino errante.
Imágenes, largos cabellos canosos, peinetones
Imágenes, arrugas morenas y el tiempo
abuela Rosario.
Está por nevar y no entiendo
al viento, a tu ausencia, ni a iconos olvidados
 de la infancia.*************************

(En diversas antologías y páginas de revistas digitales)


martes, 10 de septiembre de 2013

“EL DEDO DE DIOS”. ANA MARÍA MANCEDA. ( INTEGRA ANTOLOGÍA “ POESÍA Y NARRATIVA ACTUAL” EDIT.NUEVO SER.2003).

       “EL DEDO DE DIOS”.  ANA MARÍA MANCEDA.
( INTEGRA ANTOLOGÍA “ POESÍA Y NARRATIVA ACTUAL” EDIT.NUEVO SER.2003).



                                                                   


                  Tengo una fábrica de chocolates, parece muy simple y terminante esta afirmación, pero es una artesanía de exquisita y paciente elaboración. En esta tarea todo debe ser creativo, higiénico. Una vez que la plancha del producto está preparada para su relleno empiezo a jugar con mi imaginación y hago posar sobre ella; cerezas al marraschino, higos al coñac, maníes, dulces regionales y demás confites.
                  Para inspirarme observo por las pequeñas ventanas de la gran cocina, el arroyo cristalino que viene bajando desde lo alto de la vega. El bosque autóctono llega hasta el parque de la casa. Siempre me parece ver la figura alta de mi padre vagando por los senderos, su recio cuerpo reflejado en la laguna, mancha amada sobre el agua, cruzada por la familia de patos. Me veo pequeña, leyendo al lado de la cocina a leña, esperando su entrada con los brazos repletos de troncos prolijamente cortados.
                  En la actualidad, ya no se ven desde la casa, parte de los cerros de  redondeado perfil, que parecen deambular hacia el noroeste. Los árboles están muy altos y el terreno loteado, ya se han construido varias cabañas para turismo. Miro el almanaque; veintinueve de Junio de mil novecientos noventa y cuatro. Hay agujas de hielo bordeando el arroyo, tengo que apurarme en la fabricación, ya están llegando turistas y este año promete ser bueno, Chapelco ya tiene nieve, los festejos comenzarán.
                 El domingo decidí aceptar una invitación de Juana para ir a la cabaña de Lago Hermoso con unos amigos, sentí deseos de compartir. Mi vida a los veintisiete años es rutinaria pero tiene la magia del paisaje patagónico. Luego de la tragedia de perder a mis padres me volqué de lleno a seguir con sus tradiciones y sus sueños, entre ellos mantener la fábrica de chocolates y a las familias que dependían económicamente de este trabajo artesanal. Conmigo viven doña Naillanca ( en mapuche: Joya que bajó del Cielo), originaria del lugar, orgullosa y fiel a la que amo entrañablemente, dos perros; un Collie y un raza perro, y Espartaco un gato capón blanco con una mancha negra alrededor de un ojo. La esterilización se la ganó luego de varias peleas amorosas de las que salía siempre salía malherido. Este es mi mundo, mi refugio.
                   Juana y su familia viven en las cercanías de mi casa. Son mis amigos y parte de mi niñez; veranos, cumpleaños, nochebuenas...compartíamos la vida. Era nuestra familia sustituta ya que la nuestra venía de raíces muy lejanas. Juana es más joven que yo, esa condición y su fresco carácter tenían el poder de sacarme de mi mutismo. Por estos días me sentía contenta y esperaba con ansiedad el paseo.                                                                          .                 Luego de cargada la camioneta, previa compra de víveres para dos días, partimos por la ruta que a pesar de estar en los primeros días de Julio, estaba despejada de nieve.  Llegamos a la cabaña cerca de las diez de la mañana. El grupo era ruidoso, comunicativo. Juana y yo éramos consultadas continuamente, pues conocíamos los quehaceres típicos de nuestra región, todos colaborábamos excepto Dany, el novio de Juana, que había ido al aeropuerto a buscar dos amigos que arribaban de Buenos Aires.
                  Hacia el mediodía  el almuerzo estaba  preparado; el asado sobre las brasas del hogar, la mesa puesta, las ensaladas esperando los condimentos. Decidimos tomar mate sentados sobre inmensos troncos, preparados como bancos, ante los ventanales de la cabaña. El sol aparecía y desaparecía entre densas nubes gris topo jugando con la frondosidad del bosque, hacía mucho frío, la nieve, medio congelada, cubría el suelo y se acostaba sobre las copas de los árboles, provocando una suave danza de silenciosa melodía entre las ramas. Estábamos exultantes, toda la charla derivaba en anécdotas o experiencias en la nieve. Se sentía el silencio del paisaje, lo que hacía que nuestras voces y risas restallaran en el espacio, lo constante y equilibrado eran las llamas crepitantes del hogar y el olor deliciosa de la carne asada.    Por el sendero aparece el jeep de Dany, de él bajan los amigos. Los tres hombres entran a la cabaña sacudiéndose  el frío acercándose instintivamente al hogar, nos presentan. Cuando Nathaniel me dio la mano y un beso  sentí que el tiempo se detenía. Los días transcurrieron vertiginosamente, como si huyeran de toda realidad.
                  Ya en la casa seguí con mis tareas, pero parecía que me deslizaba y las horas no pasaban, por la noche nos citábamos con Nathan, ahí sí el tiempo huía. Nos enamoramos. En ese tiempo de locura, en la soledad de mi cuarto, invocaba a mi padre. Fue un sabio, todo lo que hacía y decía era para mostrarme un camino. Lo necesitaba, Nathan era judío y yo era agnóstica, si bien no nos importaba, existían tradiciones y costumbres a las cuales debíamos avenirnos. Busqué entre los cuadernos de mi padre donde anotaba sus reflexiones. No tenía una religión, había leído sobre distintos creencias; la Biblia, el Talmud, sobre la Torá, y sabiduría oriental. El creía que una Energía Cósmica mantenía el equilibrio de un Universo en constante movimiento y expansión. Me solía decir «Lo difícil es encontrar la simplicidad en la perfección de la naturaleza, en el milagro de cada instante, en el maravilloso privilegio se existir». Con sus amigos discutían sobre el origen del hombre, razonaba sobre el destino, me educó libre y con la convicción de eternidad, yo era su eternidad. Entre los papeles encontré un poema dedicado a mí.

POEMA PARA ARIADNA

Infierno y paraíso. Estupidez.
Todo nació en el instante Supremo del Big-Bang.
¿ Qué alquimia tenebrosa gestó parte de esa energía
en monstruos ignorantes?
Son pedazos de Averno que deambulan por el mundo.
Pero...
miremos los pájaros querida Ariadna,
ellos nos regalan los colores del espectro solar,
danzan, ayudan a hacer el amor a las flores.
Pero...
miremos los cachorros, amada Ariadna,
 Sí, los cachorros de cualquier especie
y sabremos por instinto de ternuras ancestrales.
Pero...
miremos las plantas en primavera hija mía
¡Cuánto deleite para el alma!
Pero sobre todo, miremos al niño que nace
y a la muerte dulce de un viejo, esto nos atañe.
Seguramente
estamos viajando con nuestra Galaxia
hacia un puerto más allá del Cosmos.
durante este largo viaje, deberíamos educar a los monstruos.
Dios nos guiará, su Dedo marcará el camino
y quizás sea luminosa la llegada.
Hija, te dejo como ofrenda
todas las religiones de la Tierra
sus luces te alumbrarán, no habitarán
en tu mente, ni el odio, ni la avaricia,
ni la discriminación, ni la injusticia
ni el desdén hacia cualquier criatura.
Si tendrás dignidad,
la dignidad de “Ser Humano”
querida Ariadna.

                  La lectura me trajo paz,  como si mi padre hubiera sabido que tendría  que vivir esta situación.
                  Las horas fluían, nos amábamos con las miradas, con un suave roce, con nuestros cuerpos, con nuestras risas. El mundo viajaba a un ritmo alocado. Paseábamos todo el tiempo, decidimos ir a Bariloche, todo era motivo de sorpresa para Nathan y yo le explicaba secretos de la naturaleza que me había transmitido mi padre. El me contaba de su profesión fascinante; era periodista, especialista en cuestiones políticas sobre el Medio Oriente. Por supuesto su vida transcurría entre hoteles, aviones y faxes. Me nombraba  «Ari» y yo me estremecía. «Ari... el desierto... Ari... las bombas...Ari… El Muro de Los Lamentos». Éramos el movimiento y la quietud; el torbellino y la risa; La historia y la leyenda.
                   Cruzamos Confluencia, nos detuvimos un  rato a observar la belleza del lugar, donde el río Traful se une a las aguas del Limay. La nieve cubría parte del paisaje. Ya en el Parque Nahuel Huapi entramos al Valle Encantado, Nathan escuchaba entusiasmado mi explicación «El viento esculpe las rocas, formando un sinfín de figuras que la mente codifica según su imaginación». Aminoramos la marcha, una forma erguida, dominante, señalaba hacia el cielo ¡El Dedo de Dios! Así lo habían denominado los lugareños ─¿Nathan, creés en el destino? ─Hasta llegar a Bariloche la charla tomó un cariz filosófico, pero una vez  arribados nos olvidamos del mundo. El regreso fue silencioso, como presagiando la despedida.
                  El quince de Julio Nathan debió partir, viajaba a Europa la próxima semana y desde ahí a Israel. Lo llevamos con Juana y Dany   al aeropuerto de Bariloche ya que Chapelco estaba inoperable por la nieve caída. Se sentía el frío, la ruta estaba peligrosa, la nieve se congelaba. Y nos despedimos, no me sentí triste, sabía que siempre estaríamos juntos. Lo vi subir al avión, el brazo en alto, estaba iluminado. Era Energía Cósmica dispersa en el Universo.
                  El dieciocho de Julio Nathaniel esperaba mi llamado en la A.M.I.A., estaría allí, pues debía realizar unos trámites con su tía Esther. Me levanté temprano, prendí la cocina a leña, encendí la radio. La nieve caía copiosamente ¡Qué confortable es mi hogar! Espartaco arrollado al lado del calor, me miraba sabiamente desde su misteriosa existencia y yo no podía dejar de admirar su pelaje blanco. A las nueve horas llamé a la A.M.I.A, siempre ocupado. Insistí. Mientras recordaba lo vivido apareció en mi mente la  figura del “Dedo de Dios”. La radio daba sus flaches informativos, en ese instante sentí que el mundo comenzaba a viajar lentamente. Miré la hora: 9:55 hs. Como cuando era pequeña, me senté al lado de la cocina a leña, poco a poco fui tomando posición fetal y TODO SE PARALIZÓ. ***