EL SUR TAMBIÉN EXISTE

Si fuesen míos los paños bordados de los cielos, tejidos con luz de oro y plata, los paños azules, sombríos y oscuros de la noche, la luz y el crepúsculo, los tendería a tus pies. Pero yo, siendo pobre, sólo tengo mis sueños. he esparcido mis sueños bajo tus pies. Camina suave porque pisas mis sueños. w.b. Yeats





"Pero aquí abajo abajo,cerca de las raíces,es donde la memoria ningún recuerdo omite. Y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible. Que todo el mundo sepa que el Sur también existe" Mario Benedetti.


"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es aullar sin ruido" M. Duras http://t.co/


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viernes, 17 de febrero de 2017

DOS COPAS DE VINO Y LA VIDA. Ana María Manceda




            ¡Cómo olvidar! Todo fue maravilloso; el viaje desde Buenos Aires, el Congreso Arqueológico, Madrid. Vertiginoso, quería verlo todo, vivir. El grupo de congresistas no quería perderse nada, todas las invitaciones eran aceptadas. Así fue como organizamos  la excursión a Toledo, tú Jordi deseabas presentarnos tu bella ciudad y tu fantástico hogar situado dos metros bajo tierra ¡estabas tan entusiasmado mostrándonos el tesoro que poseías! Te habías comprado esa casa en tu ciudad natal, muy estrecha, debiste edificar hacia arriba y hacia abajo.— Es una cueva de la época de los romanos— nos explicabas fascinado y nosotros escuchábamos de igual manera, éramos jóvenes arqueólogos ávidos de experiencias aunque tú ya estabas un escalón más al ser titular de una cátedra. Fue una experiencia inolvidable. Yo no podía dejar de mirarte, tu postura y tus ojos delataban la mezcla étnica, eras un imán. Ya en Madrid fue la cena de despedida, al finalizar me acompañaste hasta la habitación del hotel, busqué un buen pretexto  para invitarte a pasar, tenía unos artículos del profesor que tanto admirabas.  No te despedirías así como así querido Jordi, te invité una copa de vino, y tu mirada a través del violeta de la copa insinuante de siglos, ya me había poseído.
           Un nuevo congreso, esta vez en mi tierra; la Patagonia. Pasaron veinticinco años y tantas cosas en el mundo y en nuestras vidas. Cayeron el Muro de Berlín y el apartheid, aunque no las desigualdades, siguen las luchas por el poder,  nos acecha el calentamiento global, ambos tenemos matrimonios frustrados, hijos, pero las pasiones no cambian querido profesor, no cambian.
           Te veo bajar del avión, con tu prestancia, canas y esa mirada ardiente. Te prometo Jordi que esta noche estás invitado a cenar en mi casa patagónica, de mujer sola, con hijos independientes. No tengo una cueva romana ni la juventud que nos arrolló en Madrid pero te brindaré una copa de vino color ciruela,  coloreado por los valles de estas tierras, y mientras nos amamos, escucharemos  el silencio de la nieve que se avecina sobre la ausencia de estos años.***

                              


jueves, 4 de agosto de 2016

EL CAMINANTE. Ana María Manceda y Andrés Fabián Valdés-San Martín De Los Andes. Argentina


         

¿Qué es navegar por los copos de nieve?
Quizás uno busca en este viaje
algún ruido de voces
ante tanto silencio blanco
voces que lleguen desde el sol
o desde una cálida noche llovida de estrellas.
Ya me envuelve la fatiga del camino
por estos infinitos paisajes patagónicos
abriré mis manos
para dar mi brújula y mis nómades
tesoros.
Ahora debo guardar mis ropas y mis poemas
en el cajón vacío de tus medias
y después vender mi linyera
al caminante joven
a quien veré
marchar.

Publicado por GrupoNavegamicuento en 12:02

Etiquetas: Ana María Manceda y Andrés Fabián Valdés

sábado, 18 de junio de 2016

                               “EL BARCO DE PLATA”
AUTOR: ANA MARÍA MANCEDA.



                  El Barco de Plata se desliza suave por el Océano Atlántico. Al amanecer hasta el anochecer brilla de manera intensa al reflejar la luz del sol, contrastando con las azuladas aguas del océano. A medida que avanza una estela blanca rodea su triangular estructura.
                 Dentro del barco la actividad es febril. Los marineros acatan las órdenes de sus superiores y trabajan de manera afanosa. En algunas   oportunidades se producen motines por lo que fuere; falta de alimentos, mala distribución de los mismos, injusticias en la sanción de delitos, los entregadores siempre tienen privilegios. Estos  actos de insurrección   son solucionados rápidamente, se da la orden de fusilar a los cabecillas y todo vuelve a la normalidad. El Barco de Plata sigue su rumbo majestuoso, brillante, por el Océano Atlántico.
               A pesar de la belleza  del entorno y de la riqueza que contiene, los tripulantes nunca tienen tiempo de disfrutarlos, siempre están atareados y de espaldas al mar, hasta ignoran el verdadero valor que lleva, no solo en su carga sino en su propia estructura.
            Una noche, en la que la Cruz del Sur brillaba como nunca, llegaron hasta el barco los sonidos de las voces de un coro cuyas voces  sonaban angélicas. Los primeros en detectarlas fueron los marineros,  ya que la superioridad estaba en los camarotes de los Almirantes y Capitanes  festejando, quién sabe bajo qué pretexto, una de sus periódicas fiestas. Instintivamente se pusieron en alerta, presintieron  la catástrofe  que sobrevendría si acudían al llamado  de las embrujadas voces. Pero la casta superior, la de las Almirantes, Capitanes y acólitos  de pronto las escucharon, eran dulces y penetrantes, atravesaron los sentidos enturbiados por el alcohol y la moral pulverizada por la codicia. En tropel subieron  a la proa, inquiriendo desesperados sobre el lugar de donde provenían los cantos. Éste se veía lejano, como si  las sirenas estuvieran en un montículo de rocas, más allá de los límites de la razón. A pesar que tuvieron conciencia de la lejanía y que debían desandar el rumbo impuesto, ordenaron viaje hacia el  utópico paraíso, solo les importaba alcanzar la morada que ofrecía lo que ellos codiciaban, eran cantos de promesas, de riquezas y lujurias infinitas.
                La vida en el Barco De Plata cambió, si bien siempre había sido dura, de alguna manera se cumplía con los códigos dispuestos por normas establecidas en la “ Constitución”. Ahora imperaba la intemperancia, el desorden y la violación a todos los derechos.  Los marineros se sentían cada vez más desprotegidos, trabajaban totalmente a desgano, adoptando actitudes semejantes a los de sus superiores. Ante cualquier amenaza de motín se castigaba duramente a los subversivos. La represión era indirectamente proporcional;  a mayor caos en las altas esferas, mayor castigo hacia los marineros que osaban en protestar.
                  Al pasar los días el canto de las Sirenas  se escuchaba más nítido y seductor. Los Almirantes y Capitanes lucían como nunca condecoraciones de oro y bronce en oposición a los marineros que deambulaban harapientos. Esta antinomia era evidente de manera vergonzosa, ahora las autoridades vivían recorriendo la proa, aturdidos, confusos, soberbios, mostrando sus medallas de  honores  supuestos. A medida que se acercaban al lugar encantado,  el caos en el Barco fue aún mayor. Éste ya no brillaba a pesar del sol y el azul del mar, hasta fue perdiendo la estela blanca que lo rodeaba.
                    Ante tanto paroxismo, los marineros decidieron ponerse algodones en sus oídos, les resultaba insoportables el sonido de esas voces, no sentían placer escucharlas, al contrario, los invadía el terror. Llegó un momento que los Almirantes y Capitanes, que habían adherido cada vez más a sus trajes con condecoraciones, se tropezaban y caían por el peso de éstas, pero no se daban por vencidos, no claudicaban.
                     Asustados por lo que veían y a sabiendas que el envilecimiento de sus superiores ya no les permitía controlarlos como antaño, los marineros se sacaron los algodones y se acercaron a la proa. Por primera vez disfrutaron de la belleza del mar. En esos momentos el canto de las sirenas se entremezcló con el ruido estremecedor que producían  los Almirantes y Capitanes al caer, derrotados por el peso de sus trofeos,  como estatuas de bronce, con los ojos muy abiertos, sin ver nada.
           Luego del estrepitoso ruido, el barco y sus tripulantes quedaron devastados, como si una bíblica tempestad los hubiera sorprendido.
           La quietud ondea sobre el mar calmo, pero el barco no se detiene, sigue lento y sin pausa hacia su destino; el paraíso de rocas. Desde allí, bellas, estáticas, inalcanzables, las sirenas los esperaban, pero sucede que ellas poseen una terrible arma más poderosa que su canto. Los esperan con su silencio.
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(EN ANTOLOGÍA “ EL ECLIPSE Y LOS VIENTOS” DE ANA MARÍA MANCEDA. EDITORIAL CENTRO DE ESCRITORES NACIONALES. 2014









miércoles, 8 de enero de 2014

MIENTRAS CAE LA NIEVE. ANA MARÍA MANCEDA

MIENTRAS CAE LA NIEVE. ANA MARÍA MANCEDA.(Seleccionada en certámen internacional para antología “Pinturas literarias” Editorial Novelarte.Córdoba.Argentina 2006)




Increíble, estaba ahí. Como siempre luciendo ese toque de irrealidad ¡ Qué manera de nevar! Los copos caen sobre su cabello rubio y su largo tapado negro. Su visita me iluminó estos días. Muy gracioso verla llegar después de un día de viaje en ese armatoste antediluviano.
-¡ Es maravilloso como vivís!
No opino lo mismo, yo andaba en La Plata de tacos altos y minifalda, ahora aquí, en este valle glaciario, estar cortando leña con una camisa de lana y muerta de frío, no lo veo maravilloso, pero sí mágico. ¡Bueno! dejá el tango, el encierro me permite leer mucho, tejer chalecos sin forma, mientras se hace el puchero, cuatro horas por lo menos, en la salamandra, con peligro de incendio en el techo de chapa por las piñas que puse de más para avivar el fuego, y leo y tejo la lana y los recuerdos que van llenando la pequeña cabaña hasta engordarla.
-Hola, estás aquí. Sus guantes espantan la nieve como cuervos aleteando en el país del silencio. Silencio..silencio.
-¡ No me digas que no hay una emisora argentina!
Y no, solo chilenas
-¡ Qué música romántica pasan! Con razón son tan prolíficos, todo esto te hace olvidar de lo que pasa en Buenos Aires. Y sí, pensar que Isabelita esta cerca de aquí, en La Angostura. Ni sabés lo que se comenta, cosas terribles ocurren en la Capital.
N
o, no, sólo recordar un poco lastima, me veo en el tren, es continúa esa imagen. Adiós, y vos y los otros amigos, las manos en alto, las miradas brillantes. ¡Flash, flash! ¡ Kaputt, kaputt!
-Te invito, salgamos por la noche. En la colina está el casino, es un mundo distinto al nuestro, de paso te cuento la visita del ingenieri ¡Estaba tan emocionado cuando vió el cambio de vida que hice!
Salimos, la noche estaba confusa por las chispas de nieve. Subimos caminando.          -Tranquila, despacio,te espero. 

Y ahí viene, subiendo la cuesta en cámara lenta. Al verla me cachetean los recuerdos         ¡ Tantas cosas vividas! ¡Qué lejos quedaron nuestras discusiones sobre la evolución de las especies! Pero es ella. ¡ Lástima ese rictus duro y obstinado de su cara! Es muy linda, se sorprende por todo .
-Mirá, mirá, desde aquí se ven las luces del pueblo. ¡Qué belleza!
El humo de las chimeneas queda suspendido entre las luces y el llanto de nieve.

-Ni bien entremos nos tomamos un café irlandés, es riquísimo, nos va a hacer entrar en calor.
-Sí, yo me voy a pedir uno con doble wisky.¿ Es cierto que el flaco ingenieri lloró cuando te vio cortar leña?
-Sí , me abrazó y lloró, no lo podía creer, seguro era la heroína de sus fantasías, no pudo convencer a su mujer de vivir en la chacra del Bolsón, ella es muy bonaerense, vivir en el sur para él es una utopía.
-¿ Estamos muy lejos de su chacra?
-Y sí , doscientos kilómetros.
Llegamos, nos cuesta el último tramo, el edificio iluminado se ve imponente.
- Es bello- dice impresionada.
- Es muy confortable pero a la gente no le gusta el diseño, no va con el estilo del pueblo. Dame la mano, la nieve está congelada y te podés resbalar, ya no uso taquitos, ahora uso zapatones de suela de goma bien marcados, evita que te resbales y te rompas el alma.
-No te hagás problema, el alma se me rompió hace rato.
Tus ojos amiga, de azules se volvieron negros, profundos, heridos de despedidas, toda la luz de una época quedó absorbida en esa oscuridad.
-Bueno, vamos a divertirnos, adentro vas a ver, es un despelote.
-¿Estoy bien? ¿ No me despeiné? Já...já...

- No, la nieve está bien seca, te sacudís y listo.
-Che¿ Me dejarán entrar? ¿No tengo cara de menor?

- Já...Já.. Seguramente. Entremos, ¡ Qué bueno! ¡ Qué placer! Calor y luces, luces.
-Che y esas pitucas ¿De dónde salieron?
-Y bueno, son de otro ambiente se alojan aquí, vienen a esquiar y por la noche bajan al Casino.
-Debe ser carísimo una noche aquí. Y sí. ¡ Hum..! Qué ceremoniosos los croupiers, smoking negro, son solícitos. El ambiente es bastante silencioso a pesar de la cantidad de gente, música suave
-¡ No va más...! 

Estamos hundidas en los mullidos sillones, el café irlandés me hizo entrar en calor, la escucho entre una nebulosa, por un rato le saco la lengua al destino y al tiempo, me siento feliz, tengo que disfrutarla, es una parte, una región de mi historia en este lugar lejano, diría que muy lejano. Otro irlandés, se huele a perfume importado, se escuchan ruidos de azar y risas contenidas. Chin, chin, olvidemos amiga, olvidemos ¿Qué será de nosotras? Los solícitos smokinados hacen girar la rueda. Las pitucas apuestan. Nos reímos, viajamos por los recuerdos haciendo malabarismos entre una fina malla para no caer en la nostalgia. Por los grandes ventanales, iluminada por las luces del parque, se ve caer la nieve de manera porfiada ¡ No va más... no va más! Luego se escucha cómo la pequeña esfera salta en la rueda que comienza de nuevo a girar.***

lunes, 16 de septiembre de 2013

“EL LAGO LÁCAR TIENE SUS SECRETOS” ANA MARÍA MANCEDA

“EL LAGO LÁCAR TIENE SUS SECRETOS”  ANA MARÍA MANCEDA



Nació en el cuaternario, cuando los hielos reinaban.
Es un largo fiordo azul donde cerros y bosques
en el alba se acicalan.

Cuentan
que hay una ciudad hundida en el fondo de sus aguas,
en la oscuridad de su vientre posee valles, cañadones
y colinas solitarias.

El lago tiene secretos que toda la ciudad calla.

Antiguamente este lago formaba parte de un reino,
un reino cuya corona de mutisias y amancays
perfumaba todo el valle
y dicen que era Sayhueque el rey de este paraíso.
Era un país encantando de fábulas y leyendas:
“En la ciudad de los Césares” se escondían los tesoros
y el murmullo de estos pueblos  del “País de los manzanos”
se fue perdiendo en el tiempo entre maderas y llantos.

Lago complejo, rebelde, tus caprichos enloquecen
¿Por qué tienes que viajar presuroso hacia el Pacífico?
¿Quizás haya una laguna que amorosamente te espera?
¿O será que a tu manera nos vas marcando un rumbo?
El pueblo de San Martín de Los Andes tiene su rebeldía;
la gente con sus protestas, la nieve con sus silencios
las bandurrias llorosas regresando a sus nidos,
y las lengas y los ñires en los dorados otoños
alfombran como escudos tu maravilloso entorno.

Cuentan
que entre las algas se esconden lágrimas de tristeza
que fueron atesoradas por nostálgicos inmigrantes.
Son pétalos de desarraigo que tratan de formar anclas.
En su playa hay peinetones, pulseras, anillos
y amores desengañados
que escaparon de sus dueños a refugiarse en el barro.
Dicen que esposas tristes se sientan en sus orillas
y mirando brillar la luna en las noches del estío
añoran otros amores, amores que ya se han ido.

Los jóvenes locos…locos se aman en los veranos.
Cantan, toman cerveza, se recuestan en la arena
y los seres solitarios perdidos en sus delirios
buscan en noches oscuras una luz en las tinieblas.

En los crepúsculos del largo invierno
no solo llora la gente, el cielo se vuelve cómplice
de esta melancolía
y derrama sobre el lago lágrimas de algodones.
Si alguien desesperado quiere bucear en tus fondos
coméntale sin temores que viva con esperanza,
que regrese hacia su casa y se permita ternuras,
de un hijo, un compañero o de un amigo del alma.

Tantos secretos  posee que a veces sufre su peso
y el viento levanta el agua como olas de lamentos.

Cuando un rico por ahí te llega a tirar monedas
para mostrar su soberbia del poder que lo rodea
escóndelas, guárdalas y cuando suba la marea
entrégalas a los niños que pasean por tu vera.
Son niños muy olvidados por los seres codiciosos
que gobiernan sin fronteras.
¡Tan pobres son sus acciones que ignoran
que la codicia es tapada por la arena!

Cuando el Pocahullo te acerque relato de los vecinos
no seas indiferente; las buenas nuevas las guardas
las otras que a la mar lleguen
no sea que tanta pena las ilusiones nos lleven.

¡Lago Lácar, fiordo azul! El de la ciudad escondida
custodia con tu belleza entre las algas y peces
las envidias, los pecados, las miserias, las fatigas.
¡Frágiles humanos somos!
Cuando caminemos con cadencioso donaire
distraídos, sigilosos, sobre tus caracoles y arenas
murmúranos al oído tus secretos con la brisa.

¡Enójate, levanta olas! cuando hieran tus espejos
que el ruido se haga murmullo, la piedra se la lleve el viento
sólo permite la orquesta de risas y de gorjeos
de violines y guitarras, del sonido de los besos
que enamorados niños se bañan en tus recuerdos.

Cerca del fin del milenio, en noche de luna llena
recíbenos místicos, callados, a prometer religiosos
una vida de luciérnagas
enterrando los fracasos muy profundo en tus arenas.***





San Martín de Los Andes, diciembre de 1999.






martes, 30 de abril de 2013

“LAS LUCIERNAGAS DE LA CRUZ DEL SUR” ANA MARÍA MANCEDA. SAN MARTÍN DE LOS ANDES.En Inmigración, Arte y Cultura ( Buenos Aires); Revista Perito ( Alicante, España) Y Revista HONTANAR,Australia.


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                   Alcancé a plantar la última primavera en el macetero cuando comenzó a llover, las montañas quedaron desdibujadas por el telón acuoso y ya no podía disfrutar del verde intenso de los bosques, para mi sorpresa, se infiltraban entre las gotas, incipientes copos de nieve que pugnaban por armarse y dominar la precipitación. Estábamos a fines de septiembre, en el pueblo creíamos que ya había caído la última nevada, pero la naturaleza sigue sus códigos, suspendo las tareas en el jardín y entro a la casa, debo prender las leñas del hogar, el frío comienza a sentirse.
                   Disfrutar de un café, mirar televisión, pequeño recreo,  en pocas horas estará la familia reunida y debo dedicarme a las tareas comunes.
─Mami, la maestra te mandó un comunicado, debés firmarlo.
─Querida, mi camisa gris la necesito para el jueves, tengo reunión.
─No quiero tomar más sopa, estoy harto.
─Planifiquemos el fin de semana largo, quizás un breve campamento.
─¡Basta de rutina, relax, relax…!
                   Pero mi estado de relax salta como un resorte, en la pantalla está la imagen de un hombre, un profesor en ciencias políticas español que visita la Argentina, su nombre produce mi conmoción. ¡José Carlos!  Mi mente comienza a desandar por un túnel que me lleva a recuerdos  de la infancia.

                   Eran épocas de posguerra, una mañana en la cual el viento proveniente del río traía anuncio de lluvias estivales, el barrio se vio alborotado. Habían estacionado camiones del ejército en el “ campito” que algún día sería plaza, de ellos comenzaron a bajar familias de inmigrantes. Era un acontecimiento extraordinario, los vecinos salían a las puertas de sus casas a observar el suceso, los más chicos cruzamos las calles y nos metimos en el “campito” para ver de cerca todo lo que ocurría. Se veían personas de todas las edades,  hablaban distintos idiomas. De ahí en más la vida de ese barrio platense cambió totalmente.
                   Al estar de vacaciones podíamos disfrutar desde la mañana temprano el movimiento de los extranjeros. Yo los espiaba desde el dormitorio de mis padres cuya ventana daba a la calle, tenía un mirador envidiable. Por la tarde me cruzaba al campamento que habían levantado los nuevos y exóticos vecinos. Antes de hacerlo arreglaba mi pelo con más esmero y robaba un poquitín de perfume a mi madre, tenía doce años, los chicos inmigrantes me parecían hermosos. Algunos eran introvertidos, otros más sociables, nos fuimos haciendo amigos. Con las chicas de mi edad jugábamos a las figuritas, cara o seca, y a las muñecas. Entre todos a la rayuela, escondidas, mancha venenosa o “Farolera Tropezó”. Si por alguna causa no cruzaba me llamaban  _¡Rita...Rita! y yo salía presurosa con mis figuritas, las trenzas recién hechas por mi mamá y el corazón palpitante de ilusiones.
                  Predominaban  españoles, vascos franceses y portugueses. Los vascos eran los más bellos, los veía inalcanzables más aún cuando hablaban un idioma tan diferente al nuestro. Cada familia vivía en grandes carpas pero al poco tiempo comenzaron a construir sus propias casas sobre terrenos que el gobierno les había adjudicado, cercanos a la plaza. Eran muy trabajadores y hasta los niños colaboraban en la construcción de sus futuros hogares. ¡ Cómo me cautivaba verlos en su rutina! Las mujeres lavaban la ropa en bateas y las fregaban con cadenciosa energía mientras entonaban canciones de sus terruños. Me sorprendía ver tomar el vino en un objeto de cuero que lo llamaban bota. Don Ramón, el portugués, comía fideos al pesto y tomaba el vino de esa manera. Aprendí muchas costumbres, entre ellas la de bailar la jota aragonesa, y no dudo que ellos aprendieron tradiciones nuestras, el mate era un ritual que lo asimilaron de manera entusiasta. Valoraban sobre manera lo que obtenían, eran muy ahorrativos, esto les daba un ligero aire de superioridad respecto a nuestras costumbres, no podían creer la cantidad de alimentos que ingeríamos.  ¡Nuestros famosos asados! Fue una época muy feliz. Luego de la cena, en las noches de verano de calor abrumador, nuestros padres nos dejaban jugar hasta tarde, a esa hora preferíamos jugar a las escondidas, la noche participaba cómplice de nuestros refugios.
¡Rita! Época de sueños, rasguños  a un futuro inventado, mejillas coloradas y oleadas de sensaciones nuevas en el cuerpo. Sentido de vergüenza, la religión implacable con su dedo acusatorio respecto a esas sensaciones. Culpas, culpas. Pero la vida siempre gana. La intensidad de la vida.
                  La plaza tenía luz en las esquinas y como era de una manzana de extensión, predominaba la oscuridad, cada carpa tenía sus propios faroles. Recordando las imágenes de ese pasado se me ocurren que eran  mágicas. Las noches estrelladas en las que reinaba la Cruz del Sur, era para los inmigrantes la realidad que les señalaba el cosmos de encontrarse al sur del planeta y tan lejos de sus patrias. Miles, miles de luciérnagas danzaban alrededor de nuestras correrías. Gritos, risas y silencios. Cuando la lluvia acechaba se sumaban a nuestro juvenil alboroto el canto de los grillos y el croar de las ranas. Durante nuestro escondite, el silencio dejaba escuchar nostálgicas castañuelas o dulces melodías portuguesas.
¡ Cómo que no se ve La Cruz Del Sur!
¡ Y las Tres Marías tampoco?
- ¿Qué constelaciones se ven en el Hemisferio Norte?
                   Con el tiempo me incliné hacia la amistad de un “Galleguito” que en realidad era de la zona de  Valencia. Contaba de su hermosa ciudad de Alicante, el mar  Mediterráneo, el Monte Benacantil con su castillo de Santa Bàrbara, los Festejos en las noches de San Juan con sus hogueras durante el solsticio de verano, los fuegos artificiales, la tarta de atún que comían para la ocasión, fiestas cuyos orígenes se perdían en la noche del tiempo. Yo quería estar todo el día con él, José Carlos era el más serio del grupo, tenía quince años y una belleza enternecedora. Su piel de nácar resaltaba sus grandes ojos negros y el gracejo que tenía para hablar me tenían en un estado de éxtasis. Una de esas tantas noches  jugábamos a las escondidas, pero las reglas del juego, supongo que lo decidimos pícaramente, era hacerlo por parejas. Yo, embriagada de vida, me adorné el pelo y la frente con luciérnagas y en los dedos lucía anillos de falsos diamantes. Estaba iluminada, las estrellas habían descendido para embellecer mi felicidad. Así, radiante de la mano de mi príncipe extranjero, corrimos a escondernos. Nos arrodillamos, entre unos pastos altos que crecían a la vera de la calle cuyas flores exhalaban un perfume exquisito, nos miramos, fueron instantes sagrados, los sentimientos quedan paralizados, es como una foto del alma. El mundo seguía su movimiento y nosotros ahí, atrapados en las redes del espacio y el tiempo ¡ Flasch!  y te marca para toda la vida. ¡Doce y quince años! y la Cruz del Sur, las luciérnagas y la vida que seguirá  de manera inexorable su camino. Nos tomamos de las manos sin hablar, de pronto me abrazó y se puso a llorar. En ese momento comencé a dejar el juego de la niñez para andar por otro sendero, el más espinoso, es el camino en el que juegan los adultos y así como destrocé luciérnagas para adornarme, así destruyeron  los adultos nuestro mundo de niños. Es la guerra, es el hambre, José Carlos me contó por la tragedia que había pasado con su madre durante la Guerra Civil Española, la lucha, la dictadura de Franco. Lograron llegar a América , cobijados por su tía, que era mi vecina, pero sólo pensaban en regresar, su padre estaba preso, fue combatiente republicano. Y así lo hicieron, nunca más supe de él hasta hoy.
                   Y la niñez se fue y las noches del estío, en la ciudad de La Plata, iluminadas por las luciérnagas y la Cruz del Sur y nosotros, maravillosos niños arrodillados, quedaron para siempre.
                    Mi piel tensa y húmeda por la emoción sintió un escalofrío, tenía su imagen de hombre ante mí.  José Carlos pudo triunfar sobre su dolor, me sentí feliz de haber sido un pequeño eslabón en una etapa maravillosa de la vida.
                   Sentí pasos sobre la nieve acumulada en el jardín de este lugar patagónico. Con lágrimas en los ojos me levanté para espiar por la ventana el arribo de mi familia, la que armé con el hombre que fue mi compañero del espinoso camino, el de la lucha cotidiana, con el que juntos sufrimos los dramáticos sucesos, aquí también ocurrieron, de este difícil, solidario, inmaduro, ultrajado,  bello país que se encuentra bajo la Cruz del Sur.***

“LAS LUCIERNAGAS DE LA CRUZ DEL SUR”  ANA MARÍA MANCEDA. SAN MARTÍN DE LOS ANDES.En Inmigración, Arte y  Cultura ( Buenos Aires); Revista Perito ( Alicante, España) Y Revista HONTANAR,Australia.