Un nuevo congreso, esta vez en mi
tierra; la
Patagonia. Pasaron veinticinco años y tantas cosas en el
mundo y en nuestras vidas. Cayeron el Muro de Berlín y el apartheid, aunque no
las desigualdades, siguen las luchas por el poder, nos acecha el calentamiento global, ambos
tenemos matrimonios frustrados, hijos, pero las pasiones no cambian querido
profesor, no cambian.
Te veo bajar del avión, con tu
prestancia, canas y esa mirada ardiente. Te prometo Jordi que esta noche estás
invitado a cenar en mi casa patagónica, de mujer sola, con hijos independientes.
No tengo una cueva romana ni la juventud que nos arrolló en Madrid pero te
brindaré una copa de vino color ciruela,
coloreado por los valles de estas tierras, y mientras nos amamos, escucharemos el silencio de la nieve que se avecina sobre
la ausencia de estos años.***


