EL SUR TAMBIÉN EXISTE

Si fuesen míos los paños bordados de los cielos, tejidos con luz de oro y plata, los paños azules, sombríos y oscuros de la noche, la luz y el crepúsculo, los tendería a tus pies. Pero yo, siendo pobre, sólo tengo mis sueños. he esparcido mis sueños bajo tus pies. Camina suave porque pisas mis sueños. w.b. Yeats





"Pero aquí abajo abajo,cerca de las raíces,es donde la memoria ningún recuerdo omite. Y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible. Que todo el mundo sepa que el Sur también existe" Mario Benedetti.


"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es aullar sin ruido" M. Duras http://t.co/


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jueves, 7 de agosto de 2014

“ QUERIDOS AMIGOS” CUENTO . AUTOR: Ana María Manceda.

                                   promenade of automne.Mihai Criste


                La tarde tibia y luminosa era una  fiesta. Ya se sentía en el aire el típico olor a azahares y los gorriones aturdían desde la arboleda de la calle siete. Octubre en La Plata, Anouk iba hacia el encuentro de Michael, estos nombres la divertían, había sido una  propuesta del profesor de la Alianza Francesa que  cambiaran sus nombres por seudónimos franceses, ellos aceptaron. Michael estaba esperándola en el  Café, sentado en una de las mesas de la vereda, con sus ojos verdes chispeantes de picardía, como asegurándole otro encuentro divertido. Se saludaron y la tarde estalló de primavera. Tenían que repasar lecturas y memorizar poesías; Sartre.. .Jacques Prévert. Las risas interrumpían  los estudios como compitiendo con el bullicio que producían los gorriones. En un momento de  extraño silencio la mesa se fue oscureciendo, toda la energía fluía en cámara lenta. Una sombra se interponía entre el sol del atardecer y la mesa repleta de libros, cafés, puchos y las juveniles siluetas. Levantaron la vista; altanera, inmensa,  doña Teresa los miraba desde su altura de matrona adinerada, envuelto su gordo cuello  con cadenas de oro. Una niña de unos doce años, de aspecto humilde, estaba a su lado, haciendo equilibrio con los paquetes de las compras de la doña. Saludos corteses, miradas huidizas y ahí partieron  la matrona y  su pequeña víctima. Ni bien se alejó la extraña pareja, la risa estalló entre los amigos, luego prosiguieron sus lecturas. Llegando a la Alianza reconocieron a lo lejos la figura alta y  con tendencia a la obesidad de Amelie. La querían mucho, era una treintañera con mohines de adolescente, solidaria y buenaza. Amelie los esperaba ansiosa, necesitaba de ellos, eran su salvación, ese fin de semana organizaría un té en su departamento del cual sería invitado especial el hombre por el cual, según ella, estaba  rechiflada. Alberto era maestro, morocho y ayudante de un cura en una villa de emergencia, su madre, doña Teresa, lo detestaba. Si ellos iban ayudarían a Amelie a distraer a su madre y aflojar tensiones. Por supuesto los amigos aceptaron, no sin gastarle bromas y pidiéndole la tarta de frutillas de la cual Amelie era especialista.
                                             

              Llegaron cuando el sol jugaba a esconderse tras la fronda de los tilos. No quisieron esperar el ascensor, subieron los dos pisos tomados de la mano, entre saltos y comentarios risueños. En un momento Anouk sintió como que algo la afligía, giró la cabeza hacia atrás y le pareció percibir que una sombra grotesca iba hundiendo los escalones por ellos pisados, fue un segundo, la angustia desapareció al llegar al elegante departamento. Al sonar el timbre abrió la puerta la chiquilla-víctima. Los jóvenes amigos miraron con ternura a la patética presencia vestida con delantal y cofia de puntillas, entraron a la sala donde se serviría el té. Como siempre estaban tentados por la risa, pero debieron admitir en su fuero íntimo que el departamento estaba decorado con muy buen gusto, donde se mezclaban objetos antiguos y modernos de alto valor. Se sentaron e inmediatamente entró doña Teresa, elegante, dominante, en su mano portaba una campanilla de plata, sus dedos estaban adornados con anillos de oro, uno de los cuales lucía un zafiro cuyo brillo azulado parecía querer hipnotizarlos. Al sentarse hizo sonar la campanilla, como aparecida de la nada llegó la chiquilla con masas y confites. Al rato arribó Alberto y Amelie radiante salió a recibirlo. Su atuendo escapaba del buen gusto dado el tipo de invitados y la hora de la reunión, el vestido  de lamé resaltaba su gruesa figura, pero su cara parecía competir con el brillo de la tela, irradiando una luz que solo provoca el amor.
               Alberto, de manera apasionada, comentaba los problemas sociales de la villa. Anouk pensaba que a pesar de las ricas tortas, la suave melodía, la elegancia del lugar y algunas risas de compromiso, era un sufrimiento estar en esa jaula de oro de atmósfera surrealista. Con Michael aceptaron una copa de Jeréz, milagrosa bebida que aflojó un poco la tensión que fluía en el lugar. De pronto, Alberto, siempre espiado, despreciado, por la mirada atenta de doña Teresa, comenta que pidió una licencia de seis meses en el colegio para acompañar al Padre en un trabajo social  en el Noroeste. Pobre Amelie, se apagó, se marchitó y su madre se iluminó. La fiesta no daba para más, Alberto se despidió, con un dejo de dignidad Amelie lo acompañó hasta el ascensor, cuando regresó parecía destruida. Los amigos aprovechaban para  retirarse pero su compañera les pidió que se quedaran un rato más_ Les traigo los poemas de Prévert, ya vuelvo.
                   Otra copa de Jeréz y la charla se hizo amena; películas, actores, pinturas. El tiempo pasó, Amelie no regresaba. La niña fue enviada a buscar a la señorita, sus compañeros ya se retirarían. Un chillido de terror invadió la casa, corrieron hacia el interior, la chiquilla estaba al lado del ventanal que daba por medio de un balcón hacia la calle, se fueron acercando. Anouk, asustada, se aferraba al brazo de su amigo. La doña, que había llegado primera al balcón, se balanceaba como una masa sin sentido. De una de las ramas más gruesas de un añoso Tilo, pendía el cuerpo ahorcado de la desgraciada Amelie. Una atmósfera de irrealidad rodeaba a la escena, lo único que escapaba de la tragedia eran las frondas de los árboles que se tocaban por el susurro de la brisa, dejando pasar las luces de neón que iluminaban la silueta inerte de Amelie.
                  Pasaron los años, otra juventud, otras sombras recorren la calle siete, pero siempre en cada primavera resurge el canto de los gorriones que habitan su arboleda, como festejando juveniles risas y los sonidos fantasmales de poéticas voces que recitan poemas de Prévert :


“... Y después dormirnos, despertarnos, padecer, envejecer.
Dormirnos de nuevo. Soñar con la muerte. Despertarnos, sonreir y reir
y rejuvenecer...”***

                                                      


EN ANTOLOGÍA JUNÍNPAÍS 2007



miércoles, 8 de enero de 2014

MIENTRAS CAE LA NIEVE. ANA MARÍA MANCEDA

MIENTRAS CAE LA NIEVE. ANA MARÍA MANCEDA.(Seleccionada en certámen internacional para antología “Pinturas literarias” Editorial Novelarte.Córdoba.Argentina 2006)




Increíble, estaba ahí. Como siempre luciendo ese toque de irrealidad ¡ Qué manera de nevar! Los copos caen sobre su cabello rubio y su largo tapado negro. Su visita me iluminó estos días. Muy gracioso verla llegar después de un día de viaje en ese armatoste antediluviano.
-¡ Es maravilloso como vivís!
No opino lo mismo, yo andaba en La Plata de tacos altos y minifalda, ahora aquí, en este valle glaciario, estar cortando leña con una camisa de lana y muerta de frío, no lo veo maravilloso, pero sí mágico. ¡Bueno! dejá el tango, el encierro me permite leer mucho, tejer chalecos sin forma, mientras se hace el puchero, cuatro horas por lo menos, en la salamandra, con peligro de incendio en el techo de chapa por las piñas que puse de más para avivar el fuego, y leo y tejo la lana y los recuerdos que van llenando la pequeña cabaña hasta engordarla.
-Hola, estás aquí. Sus guantes espantan la nieve como cuervos aleteando en el país del silencio. Silencio..silencio.
-¡ No me digas que no hay una emisora argentina!
Y no, solo chilenas
-¡ Qué música romántica pasan! Con razón son tan prolíficos, todo esto te hace olvidar de lo que pasa en Buenos Aires. Y sí, pensar que Isabelita esta cerca de aquí, en La Angostura. Ni sabés lo que se comenta, cosas terribles ocurren en la Capital.
N
o, no, sólo recordar un poco lastima, me veo en el tren, es continúa esa imagen. Adiós, y vos y los otros amigos, las manos en alto, las miradas brillantes. ¡Flash, flash! ¡ Kaputt, kaputt!
-Te invito, salgamos por la noche. En la colina está el casino, es un mundo distinto al nuestro, de paso te cuento la visita del ingenieri ¡Estaba tan emocionado cuando vió el cambio de vida que hice!
Salimos, la noche estaba confusa por las chispas de nieve. Subimos caminando.          -Tranquila, despacio,te espero. 

Y ahí viene, subiendo la cuesta en cámara lenta. Al verla me cachetean los recuerdos         ¡ Tantas cosas vividas! ¡Qué lejos quedaron nuestras discusiones sobre la evolución de las especies! Pero es ella. ¡ Lástima ese rictus duro y obstinado de su cara! Es muy linda, se sorprende por todo .
-Mirá, mirá, desde aquí se ven las luces del pueblo. ¡Qué belleza!
El humo de las chimeneas queda suspendido entre las luces y el llanto de nieve.

-Ni bien entremos nos tomamos un café irlandés, es riquísimo, nos va a hacer entrar en calor.
-Sí, yo me voy a pedir uno con doble wisky.¿ Es cierto que el flaco ingenieri lloró cuando te vio cortar leña?
-Sí , me abrazó y lloró, no lo podía creer, seguro era la heroína de sus fantasías, no pudo convencer a su mujer de vivir en la chacra del Bolsón, ella es muy bonaerense, vivir en el sur para él es una utopía.
-¿ Estamos muy lejos de su chacra?
-Y sí , doscientos kilómetros.
Llegamos, nos cuesta el último tramo, el edificio iluminado se ve imponente.
- Es bello- dice impresionada.
- Es muy confortable pero a la gente no le gusta el diseño, no va con el estilo del pueblo. Dame la mano, la nieve está congelada y te podés resbalar, ya no uso taquitos, ahora uso zapatones de suela de goma bien marcados, evita que te resbales y te rompas el alma.
-No te hagás problema, el alma se me rompió hace rato.
Tus ojos amiga, de azules se volvieron negros, profundos, heridos de despedidas, toda la luz de una época quedó absorbida en esa oscuridad.
-Bueno, vamos a divertirnos, adentro vas a ver, es un despelote.
-¿Estoy bien? ¿ No me despeiné? Já...já...

- No, la nieve está bien seca, te sacudís y listo.
-Che¿ Me dejarán entrar? ¿No tengo cara de menor?

- Já...Já.. Seguramente. Entremos, ¡ Qué bueno! ¡ Qué placer! Calor y luces, luces.
-Che y esas pitucas ¿De dónde salieron?
-Y bueno, son de otro ambiente se alojan aquí, vienen a esquiar y por la noche bajan al Casino.
-Debe ser carísimo una noche aquí. Y sí. ¡ Hum..! Qué ceremoniosos los croupiers, smoking negro, son solícitos. El ambiente es bastante silencioso a pesar de la cantidad de gente, música suave
-¡ No va más...! 

Estamos hundidas en los mullidos sillones, el café irlandés me hizo entrar en calor, la escucho entre una nebulosa, por un rato le saco la lengua al destino y al tiempo, me siento feliz, tengo que disfrutarla, es una parte, una región de mi historia en este lugar lejano, diría que muy lejano. Otro irlandés, se huele a perfume importado, se escuchan ruidos de azar y risas contenidas. Chin, chin, olvidemos amiga, olvidemos ¿Qué será de nosotras? Los solícitos smokinados hacen girar la rueda. Las pitucas apuestan. Nos reímos, viajamos por los recuerdos haciendo malabarismos entre una fina malla para no caer en la nostalgia. Por los grandes ventanales, iluminada por las luces del parque, se ve caer la nieve de manera porfiada ¡ No va más... no va más! Luego se escucha cómo la pequeña esfera salta en la rueda que comienza de nuevo a girar.***

viernes, 8 de noviembre de 2013

ME AFERRO A LAS HOJAS DE LOS TILOS (HOMENAJE A MI NIÑEZ Y JUVENTUD EN LA PLATA). ANA MARÍA MANCEDA




  

Me aferro a las hojas de los tilos
ahí me arrullo, ahí me adhiero.
Soy la humedad del tiempo
soy el olfato, todo el olfato.
No voy a despedirme, estaré ahí siempre.
Quizás cuando el otoño avance
formaré con las hojas el humus de los suelos
y renaceré en primavera.
Así, entre cada otoño y cada primavera
estaré adherida a las hojas de los tilos.
Del suelo al árbol, del árbol al suelo
como entreteniendo al tiempo
como engañando al tiempo.
Así jugando con las lágrimas
que surgen desde la humedad del tiempo,
del olfato, de las grandes distancias
todo, todo eso …
para jamás decir adios.***

En antología Editorial Dunken 2011.

martes, 30 de abril de 2013

“LAS LUCIERNAGAS DE LA CRUZ DEL SUR” ANA MARÍA MANCEDA. SAN MARTÍN DE LOS ANDES.En Inmigración, Arte y Cultura ( Buenos Aires); Revista Perito ( Alicante, España) Y Revista HONTANAR,Australia.


                                                       ninos_jugando.jpg


                   Alcancé a plantar la última primavera en el macetero cuando comenzó a llover, las montañas quedaron desdibujadas por el telón acuoso y ya no podía disfrutar del verde intenso de los bosques, para mi sorpresa, se infiltraban entre las gotas, incipientes copos de nieve que pugnaban por armarse y dominar la precipitación. Estábamos a fines de septiembre, en el pueblo creíamos que ya había caído la última nevada, pero la naturaleza sigue sus códigos, suspendo las tareas en el jardín y entro a la casa, debo prender las leñas del hogar, el frío comienza a sentirse.
                   Disfrutar de un café, mirar televisión, pequeño recreo,  en pocas horas estará la familia reunida y debo dedicarme a las tareas comunes.
─Mami, la maestra te mandó un comunicado, debés firmarlo.
─Querida, mi camisa gris la necesito para el jueves, tengo reunión.
─No quiero tomar más sopa, estoy harto.
─Planifiquemos el fin de semana largo, quizás un breve campamento.
─¡Basta de rutina, relax, relax…!
                   Pero mi estado de relax salta como un resorte, en la pantalla está la imagen de un hombre, un profesor en ciencias políticas español que visita la Argentina, su nombre produce mi conmoción. ¡José Carlos!  Mi mente comienza a desandar por un túnel que me lleva a recuerdos  de la infancia.

                   Eran épocas de posguerra, una mañana en la cual el viento proveniente del río traía anuncio de lluvias estivales, el barrio se vio alborotado. Habían estacionado camiones del ejército en el “ campito” que algún día sería plaza, de ellos comenzaron a bajar familias de inmigrantes. Era un acontecimiento extraordinario, los vecinos salían a las puertas de sus casas a observar el suceso, los más chicos cruzamos las calles y nos metimos en el “campito” para ver de cerca todo lo que ocurría. Se veían personas de todas las edades,  hablaban distintos idiomas. De ahí en más la vida de ese barrio platense cambió totalmente.
                   Al estar de vacaciones podíamos disfrutar desde la mañana temprano el movimiento de los extranjeros. Yo los espiaba desde el dormitorio de mis padres cuya ventana daba a la calle, tenía un mirador envidiable. Por la tarde me cruzaba al campamento que habían levantado los nuevos y exóticos vecinos. Antes de hacerlo arreglaba mi pelo con más esmero y robaba un poquitín de perfume a mi madre, tenía doce años, los chicos inmigrantes me parecían hermosos. Algunos eran introvertidos, otros más sociables, nos fuimos haciendo amigos. Con las chicas de mi edad jugábamos a las figuritas, cara o seca, y a las muñecas. Entre todos a la rayuela, escondidas, mancha venenosa o “Farolera Tropezó”. Si por alguna causa no cruzaba me llamaban  _¡Rita...Rita! y yo salía presurosa con mis figuritas, las trenzas recién hechas por mi mamá y el corazón palpitante de ilusiones.
                  Predominaban  españoles, vascos franceses y portugueses. Los vascos eran los más bellos, los veía inalcanzables más aún cuando hablaban un idioma tan diferente al nuestro. Cada familia vivía en grandes carpas pero al poco tiempo comenzaron a construir sus propias casas sobre terrenos que el gobierno les había adjudicado, cercanos a la plaza. Eran muy trabajadores y hasta los niños colaboraban en la construcción de sus futuros hogares. ¡ Cómo me cautivaba verlos en su rutina! Las mujeres lavaban la ropa en bateas y las fregaban con cadenciosa energía mientras entonaban canciones de sus terruños. Me sorprendía ver tomar el vino en un objeto de cuero que lo llamaban bota. Don Ramón, el portugués, comía fideos al pesto y tomaba el vino de esa manera. Aprendí muchas costumbres, entre ellas la de bailar la jota aragonesa, y no dudo que ellos aprendieron tradiciones nuestras, el mate era un ritual que lo asimilaron de manera entusiasta. Valoraban sobre manera lo que obtenían, eran muy ahorrativos, esto les daba un ligero aire de superioridad respecto a nuestras costumbres, no podían creer la cantidad de alimentos que ingeríamos.  ¡Nuestros famosos asados! Fue una época muy feliz. Luego de la cena, en las noches de verano de calor abrumador, nuestros padres nos dejaban jugar hasta tarde, a esa hora preferíamos jugar a las escondidas, la noche participaba cómplice de nuestros refugios.
¡Rita! Época de sueños, rasguños  a un futuro inventado, mejillas coloradas y oleadas de sensaciones nuevas en el cuerpo. Sentido de vergüenza, la religión implacable con su dedo acusatorio respecto a esas sensaciones. Culpas, culpas. Pero la vida siempre gana. La intensidad de la vida.
                  La plaza tenía luz en las esquinas y como era de una manzana de extensión, predominaba la oscuridad, cada carpa tenía sus propios faroles. Recordando las imágenes de ese pasado se me ocurren que eran  mágicas. Las noches estrelladas en las que reinaba la Cruz del Sur, era para los inmigrantes la realidad que les señalaba el cosmos de encontrarse al sur del planeta y tan lejos de sus patrias. Miles, miles de luciérnagas danzaban alrededor de nuestras correrías. Gritos, risas y silencios. Cuando la lluvia acechaba se sumaban a nuestro juvenil alboroto el canto de los grillos y el croar de las ranas. Durante nuestro escondite, el silencio dejaba escuchar nostálgicas castañuelas o dulces melodías portuguesas.
¡ Cómo que no se ve La Cruz Del Sur!
¡ Y las Tres Marías tampoco?
- ¿Qué constelaciones se ven en el Hemisferio Norte?
                   Con el tiempo me incliné hacia la amistad de un “Galleguito” que en realidad era de la zona de  Valencia. Contaba de su hermosa ciudad de Alicante, el mar  Mediterráneo, el Monte Benacantil con su castillo de Santa Bàrbara, los Festejos en las noches de San Juan con sus hogueras durante el solsticio de verano, los fuegos artificiales, la tarta de atún que comían para la ocasión, fiestas cuyos orígenes se perdían en la noche del tiempo. Yo quería estar todo el día con él, José Carlos era el más serio del grupo, tenía quince años y una belleza enternecedora. Su piel de nácar resaltaba sus grandes ojos negros y el gracejo que tenía para hablar me tenían en un estado de éxtasis. Una de esas tantas noches  jugábamos a las escondidas, pero las reglas del juego, supongo que lo decidimos pícaramente, era hacerlo por parejas. Yo, embriagada de vida, me adorné el pelo y la frente con luciérnagas y en los dedos lucía anillos de falsos diamantes. Estaba iluminada, las estrellas habían descendido para embellecer mi felicidad. Así, radiante de la mano de mi príncipe extranjero, corrimos a escondernos. Nos arrodillamos, entre unos pastos altos que crecían a la vera de la calle cuyas flores exhalaban un perfume exquisito, nos miramos, fueron instantes sagrados, los sentimientos quedan paralizados, es como una foto del alma. El mundo seguía su movimiento y nosotros ahí, atrapados en las redes del espacio y el tiempo ¡ Flasch!  y te marca para toda la vida. ¡Doce y quince años! y la Cruz del Sur, las luciérnagas y la vida que seguirá  de manera inexorable su camino. Nos tomamos de las manos sin hablar, de pronto me abrazó y se puso a llorar. En ese momento comencé a dejar el juego de la niñez para andar por otro sendero, el más espinoso, es el camino en el que juegan los adultos y así como destrocé luciérnagas para adornarme, así destruyeron  los adultos nuestro mundo de niños. Es la guerra, es el hambre, José Carlos me contó por la tragedia que había pasado con su madre durante la Guerra Civil Española, la lucha, la dictadura de Franco. Lograron llegar a América , cobijados por su tía, que era mi vecina, pero sólo pensaban en regresar, su padre estaba preso, fue combatiente republicano. Y así lo hicieron, nunca más supe de él hasta hoy.
                   Y la niñez se fue y las noches del estío, en la ciudad de La Plata, iluminadas por las luciérnagas y la Cruz del Sur y nosotros, maravillosos niños arrodillados, quedaron para siempre.
                    Mi piel tensa y húmeda por la emoción sintió un escalofrío, tenía su imagen de hombre ante mí.  José Carlos pudo triunfar sobre su dolor, me sentí feliz de haber sido un pequeño eslabón en una etapa maravillosa de la vida.
                   Sentí pasos sobre la nieve acumulada en el jardín de este lugar patagónico. Con lágrimas en los ojos me levanté para espiar por la ventana el arribo de mi familia, la que armé con el hombre que fue mi compañero del espinoso camino, el de la lucha cotidiana, con el que juntos sufrimos los dramáticos sucesos, aquí también ocurrieron, de este difícil, solidario, inmaduro, ultrajado,  bello país que se encuentra bajo la Cruz del Sur.***

“LAS LUCIERNAGAS DE LA CRUZ DEL SUR”  ANA MARÍA MANCEDA. SAN MARTÍN DE LOS ANDES.En Inmigración, Arte y  Cultura ( Buenos Aires); Revista Perito ( Alicante, España) Y Revista HONTANAR,Australia.














domingo, 9 de enero de 2011

Entrevista a la escritora Ana María Manceda.San Martín de Los Andes. Patagonia Argentina, especial REVISTA GUATINÍ por Ernesto R. del Valle(Poeta del mundo)

NUEVO AÑO, NUEVO LOGO

En primer plano aparece la Plaza de los Trabajadores, en el centro, el Parque Ignacio Agramonte junto al simbólico tinajón, y finalmente la Plaza de la Revolución Gral. Ignacio Agramonte y Loynaz.

sábado 8 de enero de 2011

ANA MARIA MANCEDA. La Flor de Tucumán (Edición Especial)

Por: Ernesto R. del Valle (Poeta del Mundo)
ESPECIAL PARA GUATINí
Ana María Manceda: Profesora y escritora Argentina. Nace en Tucumán. tierra ardiente y musical, Patria de Mercedes Sosa. Me dice que, desde muy pequeñita, vive en La Plata, Allí creció, realizó sus estudios, regresando luego a la Patagonia argentina. Dijo ser siempre una fiel lectora y que en su adolescencia escribió algún que otro poema. Me confiesa: Ernesto, de niña jugaba a “filmar películas” yo hacía de actor, actriz etc. mis amiguitos-espectadores-víctimas se deleitaban con mis historias, que era lo que más me entusiasmaba del juego, inventar historias.
***
Explícame Ana, ¿cómo fue ese desarrollo intelectual en La Plata, donde te hiciste prácticamente mujer?
Mis padres, en 1945, muy jóvenes, se radicaron en La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires y muy importante centro cultural) habían todas dejado sus raíces en el norte argentino. En ese entonces yo era una niña de un año y meses de edad. Desde mis estudios primarios fui universitaria, ya que a la escuela que asistí "Escuela Anexa Joaquín V, González" depende de la Universidad de La Plata. Por lo tanto tuve una educación estatal de excelencia. Los maestros deben ser profesores (actualmente es así), teníamos Inglés y Francés como idiomas complementarios. Otra materia que recuerdo es "Declamación" en la que los profesores además eran escritores y nos hacían estudiar a los poetas latinoamericanos y españoles. El secundario también lo seguí en un Liceo universitario, aunque me recibí en una escuela Normal. Cuando pude hacerlo concurrí cinco años a la Facultad de Ciencias Naturales de La Universidad de La Plata, donde estudié "Ecología". No alcancé a graduarme en el doctorado pero esos estudios me habilitaron para dar clases a nivel secundario en la Patagonia en las materias Biología y Geografía, cátedras que dicté de 1ª a 5ª año hasta mi jubilación. Respecto al desarrollo intelectual pienso que tiene que ver el medio hogareño, mi padre lector, mi madre culta y muy estimulante del valor de la cultura

en las personas, además del medio ambiente de la ciudad donde me crié donde viví mi adolescencia y parte de mi juventud. Desde pequeña leí mucho, los libros fueron mi refugio y aún lo son. Siempre sostengo que me han salvado la vida, ya que ante momentos o situaciones límites encontré en ellos refugio y me hacían vivir otras vidas. Y sí es cierto
¿Cómo decidiste, luego, vivir en San Martín de los Andes, es decir, fue una decisión personal, o la vida te llevó de la mano a ello?
Cursando en de la facultad conocí a mi marido, estudiante de Veterinaria. Estuvimos seis años de novios. Eran épocas políticas muy peligrosas ( década de los setenta) para los jóvenes estudiantes( actuaba la siniestra Triple A) comenzaba el huevo de la serpiente, lo que luego terminaría en 1976 en el Golpe de Estado que llevó a nuestro país a su historia más siniestra. Tuvimos la suerte que un amigo le consiguió un puesto de veterinario en San Martín de Los Andes, ahí fue que decidí dejar el doctorado, el trabajo ( realizaba análisis de aguas en un Instituto Biológico de la provincia de Buenos Aires) o sea, quemé las velas y ya casados partimos a la aventura en Febrero de 1976. La Argentina es un país muy grande y debíamos dejar nuestros hogares para vivir a casi dos mil kilómetros al sur. Para mí fue traumático, sufrí mucho la nostalgia, dejaba a mis padres, hermanos, amigos, los recuerdos, el horizonte, la pampa, los olores. Es cierto que San Martín de Los Andes es un lugar de cuento ya que está asentado en un valle glaciario cuyas montañas son boscosas, frío, nieve y un lago azul-verdoso. He aprendido a amar esta región de mi país, aquí nació mi hijo pero la nostalgia ya es parte de mi vida, no puedo evitar escribir sobre este tema y este sentimiento de pérdida pues nací en el norte tropical, me crié en el centro templado y llevo la mitad de mi vida en el frío sur.
Sé que trabajaste como profesora en San Martín de los Andes y que además has realizado trabajos de investigación. ¿Es compatible este trabajo con tu vocación literaria? ¿Cuáles son esas líneas invisibles que atan estas dos vocaciones?
Cuando tuve que decidir que carrera seguir en la universidad opté por Ecología de manera intelectual e impulsada por los estímulos que recibía en el trabajo ya que estaba en contacto con investigadores de distintas ramas de la biología. Debo decir que me apasionó la decisión y fue para mí la etapa más

El proceso creativo es misterioso. Por supuesto es inherente al espíritu del escritor, a lo vivido, a lo imaginado. Puedo escribir sobre un lugar que nunca estuve, pero si investigo lo voy “viviendo”
maravillosa de mi vida juvenil. No quise estudiar "Filosofía y literatura" que era mi verdadera vocación pues temía, por mi personalidad, me llevara a encerrarme en mí misma. Pero las profecías se cumplen, guardé en mi inconsciente ese amor por la escritura, cerca de jubilarme me decidí, concurrí a Talleres Literarios y emprendí el camino. Fue un destape, una explosión. Jamás había dejado de leer literatura aunque he estudiado mucho sobre las materias que dictaba. Y ahora lucho para salir de mi mundo pues me encierro en mí misma.
Háblame del Libro de los cien años, del cual fuiste co-autora, háblame de esto, de qué trata y háblame de su proceso de creación.
En realidad fui invitada por una profesora amiga para este proyecto. San Martín de Los Andes cumplía sus cien años(1898-1998) y un grupo de vecinos decidió homenajear al pueblo editando este libro. Nos llevó seis años en total escribir, organizar y editar la obra. Cobijados por la Fundación San Martín de Los Andes logramos el objetivo. La coordinadora del proyecto fue la profesora en Historia Noemí de Las Nieves Valentino, juntas escribimos la historia de la educación en San

Martín de los Andes. Si bien tuvimos que investigar, habíamos vivido gran parte de la historia de los dos únicos colegios secundarios del pueblo. En este libro de 416 páginas, que trata la historia, geología, antropología, geografía, sociología, cultura, anécdotas, participaron importantes investigadores y vecinos de la región. El capítulo de “Geografía de San Martín de Los Andes” es de mi autoría. Fue un trabajo arduo, maravilloso y ad-honorem. Actualmente se usa en los colegios como libro de consulta.
No quiero saber si escribes sentada, de pie, en computadora a lápiz o en una clásica máquina de escribir. Sé que la narrativa es tu fuerte, y por eso me interesa mucho más que el público conozca como escoges tus personajes y si te has sentido identificada con alguien de ellos al producirse el fenómeno de creación.
El proceso creativo es misterioso. Por supuesto es inherente al espíritu del escritor, a lo vivido, a lo imaginado. Puedo escribir sobre un lugar que nunca estuve, pero si investigo lo voy “viviendo” y puedo describir situaciones como si siempre lo hubiera habitado. A veces me estimula un título para emprender la escritura de un cuento, una imagen, una melodía. A veces en un personaje puede tener destellos de mi personalidad pero creo que ninguno es absolutamente “Yo”. Ernesto, te diré la frase que escribo en mi blog, quizás sintetice el por qué escribo Escribo porque eso me da alas. Puedo volar hacia mis nostalgias, hacia mi interior, abanicar al otro, recorrer el mundo y mirar a GAIA. Escribo porque eso me da otras vidas, con la mía no me alcanza”.
Leí en cierta entrevista que admiras entre decenas de escritores conocidos, a José Martí, como cubano y amante de la literatura e historia de mi País, quisiera que explicaras los motivos de esa admiración con el Apóstol de Cuba.
No puedo dejar de nombrar a Borges, tiene unas metáforas geniales. ¿A quién se le ocurre comparar el color de un atardecer con el paladar rosado de los tigres?
Bueno, de joven era un himno recitar entre los amigos
Cultivo una rosa blanca
En Junio como en Enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca”
Con el tiempo me interesó leer sobre la vida de este prócer cubano . También me fascinó recitar poemas de Guillén, nunca me olvido la impresión que me causaron estos versos de “Mi patria es dulce por fuera”;
Un pájaro de madera
me trajo en su pico el canto;
un pájaro de madera.
Ay, Cuba, si te dijera,
yo que te conozco tanto,
ay, Cuba, si te dijera
que es de sangre tu palmera,
que es de sangre tu palmera,
y que tu mar es de llanto .
Sí, Ana, un poema vertical, de enfrentamiento a la problemática cubana de aquella Cuba dependiente, de aquello que pasó a la historia a partir de Enero de 1959.
¿Cómo ves el desarrollo literario y cultural de la contemporaneidad argentina y en general latinoamericana?
Estimado amigo, estas preguntas me dan temor pues sé que no soy una erudita, te puedo comentar mis vivencias de lecturas. Me subyugó el llamado “Boom” latinoamericano. Leí vorazmente a García Márquez, Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, Donoso, Luego a Alejo Carpentier, César Vallejos, Sábato, Rulfo, Galeano, Manuel Puig más cercanos a Juan José Saer, Abelardo Castillo, Elena Poniatowska, me gusta mucho Gioconda Belli. No sé ¡tantos! No puedo dejar de nombrar a Borges, más allá de su personalidad, su literatura me estremece, tiene unas metáforas geniales.¿A quién se le ocurre comparar el color de un atardecer con el paladar rosado de los tigres? Ernesto creo que Latinoamérica es de una riqueza extraordinaria en cuanto a su cultura y a sus recursos naturales. Para mí es el nuevo faro del mundo ante el cataclismo que estamos viviendo.
¿Crees que el auge cibernético habido en la Literatura desmerece en algo esa alquimia enriquecedora y humana que enaltece y a la vez enriquece los valores humanos?
De ninguna manera, creo que la complementa y la enriquece. Internet es la manera de comunicarse más horizontal y democrática que ha creado la humanidad. Personalmente me ha brindado oportunidades extraordinarias. Si bien he tenido la suerte de haber sido elegida por concursos para distintas antologías en papel y la maravillosa experiencia de obtener un primer premio internacional en narrativa, cuyo premio fue tener mi propia antología de cuentos, gracias a Internet, numerosas revistas literarias editan mis trabajos como por ejemplo tu Revista Guatiní, Hontanar (revista australiana para el mundo hispano), Revista Atticus (Cádiz, España),Narrador.es (España), Letralia (Venezuela) y muchísimas más, además de ofrecerme el invalorable contacto con personas que como tú me enriquecen intelectual y espiritualmente.
¿Audio-Libros o Libros impresos? ¿Por qué?
Hasta ahora libros impresos, no tengo experiencia sobre audio libros. Quizás por que necesito tocarlos, sentir la textura, olerlos. Sí leo poesías, cuentos, biografías. Me cuesta leer novelas en la computadora y aún no tengo un IPAD para saber sobre esa experiencia.
Es profusa tu obra en los medios digitales ¿Propósitos de Ana Ma. Manceda para el 2011?
Bueno Ernesto, es mi deseo poder seguir escribiendo cuentos, es lo que más amo escribir. En el 2010 me dediqué a la poesía pues atravesé penosas circunstancias familiares y era una manera de hacer catarsis. La narrativa lleva muchaelaboración, corrección, es como hacer un edificio. Además debo corregir por enésima vez una novela inédita que espero algún día poder publicarla. Ernesto, quiero agradecerte esta entrevista, me conmovieron tus preguntas pues fue como realizar un viaje relámpago por mi vida sin hacer paradas y sé que de manera subterránea quedaron todos mis amores, mis alegrías, tristezas y lo profundo de la vida. Cuando me jubilé me hicieron un pequeño homenaje de despedida, la música de fondo fue“Gracias a la vida” cantada por Mercedes Sosa. Creo que el llanto de ese momento no fue en vano.
Gracias por tu tiempo estimada colega.
No, gracias a ti, Ernesto.
Westchester, Miami. Enero 8, 2011