EL SUR TAMBIÉN EXISTE

Si fuesen míos los paños bordados de los cielos, tejidos con luz de oro y plata, los paños azules, sombríos y oscuros de la noche, la luz y el crepúsculo, los tendería a tus pies. Pero yo, siendo pobre, sólo tengo mis sueños. he esparcido mis sueños bajo tus pies. Camina suave porque pisas mis sueños. w.b. Yeats





"Pero aquí abajo abajo,cerca de las raíces,es donde la memoria ningún recuerdo omite. Y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible. Que todo el mundo sepa que el Sur también existe" Mario Benedetti.


"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es aullar sin ruido" M. Duras http://t.co/


jueves, 23 de abril de 2015

PREMIO CERVANTES » Juan Goytisolo: “Digamos bien alto que podemos”

Juan Goytisolo: “Digamos bien alto que podemos”

El escritor hace un guiño al partido de Pablo Iglesias en su discurso del Premio Cervantes

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Goytisolo, entre los reyes Felipe y Letizia. / EL PAÍS-LIVE! / ULY MARTÍN
“A la llana y sin rodeos”. Con esta frase cervantina quiso titular Juan Goytisolo uno de los discursos más breves en la historia del Premio Cervantes y, sin duda, uno de los más políticos. En apenas 10 minutos, el escritor, de 84 años, reivindicó sobre todo dos cosas: la justicia social y la cara menos glamurosa del inventor del ingenioso hidalgo. “Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella”, subrayó antes de lanzar un guiño al partido que ha revolucionado en apenas unos meses el panorama político español: “Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia”.
En una jornada tan justiciera, Goytisolo dijo sentirse “como Bárcenas cuando llega al juzgado” al entrar en el Colegio de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá. Tal era la expectación. El novelista barcelonés cumplió con lo anunciado: prescindió del chaqué protocolario, se puso la americana de las ocasiones y una corbata de hace 35 años.
En su novela Casetas de baño, la novelista francesa Monique Lange, esposa de Goytisolo, fallecida en 1996, cuenta que entre las intenciones de su marido estaba “conducir la lengua española por el desierto” y “llevar a La Meca a Isabel la Católica”. Él suele evocar el particular sentido de humor de Lange para explicar esas frases, pero lo cierto es que el autor de En los reinos de taifa llevó a Felipe VI hasta el valla de Melilla. Al menos simbólicamente.
Pasaban 11 minutos del mediodía cuando Juan Goytisolo, con la corbata ya descolocada, el primer botón de la camisa desabrochado y la medalla del Cervantes al cuello, subió lentamente al púlpito del paraninfo, abrió una carpeta roja, se ajustó mecánicamente los pantalones y se lanzó a leer las 1300 palabras de su discurso —unos cuatro folios al cambio de las antiguas pesetas—. Antes improvisó una doble dedicatoria: a su “maestro” Francisco Márquez Villanueva —estudioso de los heterodoxos españoles fallecido hace dos años— y a los habitantes de la medina de Marraquech, que han acogido, dijo, su “incómoda” vejez.
"¿No sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de la vida de Cervantes?"
Sin rodeos, pero rodeado de autoridades (civiles y militares), un puñado de amigos y dos sobrinos —Gonzalo y Julia, la famosa Julia de las palabras de su hermano José Agustín—, el autor deContracorrientes subrayó que hoy “las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo”. Ante el “sombrío" panorama de una crisis triple —económica, política y social— resulta difícil, insistió, resignarse a “la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes”.
Por eso quiso imaginar a don Quijote deshaciendo nuevamente “tuertos” y socorriendo a los “miserables”, es decir, “acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la moderna Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad”.
Juan Goytisolo había anunciado que trataría de decir muchas cosas en poco tiempo y cumplió. En sus cuatro apretados folios encontró acomodo a los grandes nombres de su canon particular: Clarín, Francisco Delicado, Luis de Góngora o Manuel Azaña. Sin olvidar a Luis Cernuda, al que citó para hablar de los “vientres sentados” de esa burocracia oficial, empecinada en remover los huesos de Cervantes.
En 2001 Goytisolo publicó una recopilación de ensayos usando como título la definición de intelectual acuñada por el recién fallecido Günter Grass —Pájaro que ensucia su propio nido— y tuvo tiempo también de incluir en su discurso una ración de autocrítica. Tras dividir a los escritores entre literatos que “conciben su tarea como una carrera” e “incurables aprendices de escribidor”, que la viven como una “adicción”, reconoció que él fue antes lo primero que lo segundo. “Incurrí en la vanagloria de la búsqueda del éxito”, dijo sobre los comienzos de su trayectoria —que arrancó como novelista en 1954 con Juegos de manos— y antes de distinguir, citando a Azaña, la “actualidad efímera” de la modernidad atemporal. “La vejez de lo nuevo se reitera a lo largo del tiempo con su ilusión de frescura marchita”, afirmó. “La verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante décadas como La regenta o durante siglos como La lozana andaluza”. El resto es eso que, por la tremenda, recordó Goytisolo, García Márquez llamó “exquisita mierda de la gloria”.
En un discurso más intenso que extenso, el novelista ponderó la mirada del exilio español frente a “los centinelas del canon nacional-católico” y se reconoció de “nacionalidad cervantina”. Cervantear, apuntó, es dudar y dudar nos ayuda a eludir “el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas”.
“La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera”, dijo Juan Goytisolo en otro tramo de su intervención. Los que conocen la obra del autor de Belleza sin ley podían esperarse la contundencia de un discurso que esta vez no brotó del subsuelo sino de un púlpito flanqueado por dos maceros de gala. Allí, en lo alto y bien alto, sin rodeos y a la llana, el último premiado con el galardón más importante de la lengua española dijo, aunque fuera con pe minúscula, que “podemos”.
Enseguida llegaron los aplausos, el discurso del ministro de Cultura, el de Rey y el Gaudeamus igitur de la coral. Tres cuartos de hora después de abrirse “la sesión”, se levantaba. Quedaban el aperitivo, las fotos, los corrillos y la apertura de la exposición Compromiso y disidencia en honor del premiado. También, de retirada, la tuna universitaria, esa “gallarda y donosa estudiantina” a la que Goytisolo, el destino tiene estas cosas, dedica uno de los capítulos más locos de su novela Paisajes después de la batalla. En esas páginas, el protagonista, que se parece sospechosamente al autor, se esfuerza en contener el vómito cada vez que escucha cantar Clavelitos. El capítulo se titula ‘Defectos, sicosis, puntos flacos’. También los inmortales los tienen. En Alcalá, por ese lado, la cosa no pasó a mayores.
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    lunes, 20 de abril de 2015

    Las mujeres que escriben también son peligrosas, Stefan Bollmann

    Las mujeres que escriben también son peligrosas, Stefan Bollmann

    En un recorrido que va desde el siglo XII hasta nuestros días, Stefan Bollmann nos cuenta historias de mujeres que tuvieron que abrirse camino en la escritura luchando contra los prejuicios, los mandatos familiares, las presiones de sus parejas, y los impedimentos económicos y sociales. Virginia Woolf resume todo esto cuando dice que las mujeres carecían de “una habitación propia”, metáfora de una independencia que tardó en llegar y que, todavía, no tenemos en forma completa.
    Las interrupciones, la necesidad de ocultarse detrás un seudónimo masculino, el tener que dividirse entre múltiples actividades caracterizaron la escritura femenina en ciertas épocas. Aurore Dupin firmará como George Sand; Cecilia Bölh de Faber, como Fernán Caballero; Colette publicará sus novelas bajo el seudónimo de su marido. Por su parte, Jane Austen tuvo que redactar la mayor parte de sus obras en la sala de estar, soportando continuas interrupciones y ocultando sus manuscritos cada vez que sentía el ruido de la puerta. Es que en el siglo XIX escribir todavía era considerada una profesión impropia de una mujer. ¿Y qué pasa en la actualidad?, se pregunta Esther Tusquets en el prólogo. “Como en muchas otras profesiones –nos dice−, las mujeres han invadido el campo, ocupan un lugar, un enorme lugar en los espacios medios, pero no alcanzan, en un mundo regido por hombres, los puestos más altos”.
    El libro de Bollmann, además de contar con una edición impecable y unas excelentes fotos, selecciona escritoras emblemáticas por los temas que abordaron, por su importancia en cuanto al camino que abrieron, por su peso dentro de la literatura mundial, por los peligros a los que se enfrentaron o por sus vidas torturadas. Bastan algunos ejemplos. Simone de Beauvoir afirmaba que “de la legión de mujeres que acarician la idea de dedicarse a la literatura o al arte, muy pocas perseveran”. Marguerite Yourcenar decía que en cierto momento de su vida había dejado de ser una mujer que escribía para convertirse en un escritor. George Sand pasó nueve años dentro de un matrimonio asfixiante hasta que se separó de su marido y se dedicó a la escritura. A ella misma un novelista contemporáneo le dio el siguiente consejo: “Seré franco, una mujer no debe escribir… Siga mi consejo: no haga libros, ¡traiga niños al mundo!”. Sylvia Plath vivía la escritura de una manera angustiante, torturada por el miedo a fracasar como poeta.
    Desde el siglo XII, ya hay registros de verdaderas precursoras: Hildegard von Bingen, Christine de Pizan o Madeleine de Scudéry. Más adelante, las mujeres comienzan a buscar su lugar e intentan salir del estereotipo machista de que solo están para encarnar la belleza y no para hacer arte. Madame de Staël, por ejemplo, defendía el concepto de que el genio se sitúa más allá de los sexos y que el sentimiento, considerado parte del mundo femenino, podía transformarse en una obra de arte. Otras escritoras, por su parte, reinventan su vida y realizan el sueño de crearse a sí mismas obedeciendo solo a sus propios deseos: Dorothy Parker, Carson McCullers, Marguerite Yourcenar, Anaïs Nin, Simone de Beauvoir, Marguerite Duras y Françoise Sagan.
    Las mujeres que escriben también son peligrosas no es un libro solo para mujeres, es un libro para asumir que escribir siempre es peligroso, aunque para nosotras quizás un poco más. Lo importante, como decía Virginia Woolf, sería construir un mundo en el que “se pueda enseñar a los hombres a soportar el libre discurso de las mujeres”.

    FICHA TÉCNICA

    Las mujeres que escriben también son peligrosas, Stefan Bollmann, Maeva ediciones, 2007, 151 págs.

    jueves, 16 de abril de 2015

    MI PROYECTO. Ana María Manceda

    MI PROYECTO. ANA MARÍA MANCEDA

                                   


     Anhelé una casa redonda
    donde la armonía tuviera un fluir sin tiempo
    más mi hogar resultó gajos expandidos
    por territorios muy vastos.
    En el recorrido, he ido agarrando
    casi con desesperación
    la historia que iba creando.
    A veces…muchas, sentí
    que se escurría como lágrimas de aceite
    entre mis dedos.
    Evadí dejarme diluir asiéndome a mis sueños,
    a la eternidad que trasciende mi carne
    a imágenes y recuerdos.
    Supe que en los cinturas del silencio
    se esconde la oscuridad de mi tristeza:
    Supe que en la mirada de las voces
    se escondían los fracasos.
    En el laberinto del pensamiento fértil,
    cual tierra negra, he ido sembrando fortalezas
    me nutren para resucitar, para ilusionarme,
    para amar.
    No logré aún la arquitectura de la casa redonda
    pero está aquí, adentro, entre luces y sombras
    está aquí, es mi proyecto.*************

    martes, 31 de marzo de 2015

    Carlos Fenoll: multimedia-centenario


    Carlos Fenoll, por Palmeral 2012

    martes, 31 de marzo de 2015

    "Miguel Hernandez, el poeta del pueblo". Libro donde se hacen múltiples referencias a Carlos Fenoll

    Direccionar a la página Amazon.es http://www.amazon.es/Miguel-Hernandez-poeta-del-pueblo/dp/150884321X

    lunes, 30 de marzo de 2015

    "Miguel Hernández, el poeta del pueblo", que he publicado en Amazon, impreso en Gran Bretaña.

    Fecha: 03/30/15 12:55:23
    Asunto: Mi libro sobre Miguel Hernández

    Hola Ana, para tu conocimiento te adjunto información de la publicación de mi libro "Miguel Hernández, el poeta del pueblo", que he publicado en Amazon, impreso en Gran Bretaña.
    Me gustaria enviarte un ejemplar, pero no tengo porque se editan bajo demanda.

    Un abrazo
    Ramón

    martes, 24 de marzo de 2015

    SOY TRANSPARENTE. AUTOR: Ana María Manceda



                                                  Guayasamin "ternura"

    Soy transparente
    no porque sea bella
    etérea, luminiscente,
    soy transparente
    porque soy mamá
    de un hijo adolescente.                                                   

    El vaga por la casa
    repartiendo de forma dadivosa
    calzones, medias, zapatillas.
    Soberbia juventud sonámbula
    no me ve, no me oye
    pasa a mi lado
    de figura de fantasma
    dejándome la estela
    del perfume a esperanza
    y se prende, mi amor
    en ese aroma.

     Yo sé
    que estoy sembrando semillas
    que germinarán
    cuando él sea padre,
    mientras tanto
    desde mi transparencia
    armo todo los días
    este hogar de plantas
    perros y gatos.

    Soy transparente
    tengo un hijo adolescente
    pero sé
    que en la historia de mi vida
    esto es solo un rato.
    ************************
             
    MENCIÓN DE HONOR Y ANTOLOGADO PARA “JUNIN PAÍS” 2003.BUENOS AIRES,ARGENTINA





    “ DESDE EL ARBOL ROJO”. ANA MARÍA MANCEDA Cuento Selección de Honor por concurso. En antología “Cinco Sentidos” de CREADORES ARGENTINOS. Abril 2010.

       “ DESDE EL ARBOL ROJO”.   ANA MARÍA MANCEDA
    Cuento Selección de Honor por concurso. En antología “Cinco Sentidos” de CREADORES ARGENTINOS. Abril 2010.
                    

                                                SHAUN TAN    

                      La luz rojiza fluye a través de las cortinas, iluminando de manera intermitente las perfectas caras de variadas y  exóticas muñecas dispuestas en el anaquel. Algo despertó a Helena, no tenía conciencia de la hora, el calor que irradiaba la calefacción hacia pesada la atmósfera. Aún media dormida captó  la belleza que provocaba la luz en las imágenes de las muñecas. De pronto escuchó un llanto de persona adulta, sonaba único en el silencio nocturno de la ciudad. A los tropezones se fue acercando a la ventana, su grácil cuerpo de trece años recibía los flashes de la luz rojiza, como si en su andar un duende la fuera fotografiando.
                   Su cuarto queda en el primer piso de la casa  paterna, desde esa posición se observa el inmenso cartel luminoso que  se encuentra en el negocio de la acera de enfrente, dominando el paisaje urbano. La calle estaba mojada por la pertinaz lluvia invernal, pero lo que más le atrajo la atención fue el soberbio Arce que disimulaba su desnudez emitiendo la luz del cartel. Al bajar la vista vio a un hombre sentado a los pies del arce, las manos en la cabeza, llorando. Transmitía tanta soledad que la niña sintió deseos de bajar y poder consolarlo ¡Imposible! Luego de un rato el desconocido se fue tambaleando. Helena ya no podía dormir, sintió vergüenza  de ir hacia sus padres, prendió la luz y buscó un libro para entretenerse, miró el reloj, era casi la una de la mañana. Al fin decidió anotar en su cuaderno de  “Memorias” lo sucedido, la había impactado el dolor del hombre y la belleza de las imágenes.
                     Desde esa noche, Helena encontró una necesidad misteriosa de esperar la oscuridad, ver el juego de luces que brillaban en las muñecas y la posibilidad que regresara el extraño al árbol rojo. Su joven mente fantaseaba con distintas historias en las que involucraba al desconocido. Hasta que una noche escuchó en la calle murmullos y quejidos, saltó de la cama y corrió hacia la ventana. Una pareja se besaba apasionada bajo el árbol,  sus cuerpos fusionados  se movían rítmicamente. En una de las contorsiones que los amantes ejecutaban, la niña pudo ver el rostro de la mujer, éste tenía una expresión que Helena jamás había visto en ninguna persona, sus ojos abiertos, claros, transmitían un éxtasis cercano al sufrimiento. Toda la escena parecía irreal, la soledad de la calle, el árbol desnudo y  la pasión de la pareja delatada por los destellos rojos que jugaban entre las ramas invernales.  Luego que se fueron, no  pudo dormir, ni leer, ni escribir.  Sentía sensaciones nuevas, sus manos recorrían el joven cuerpo sorprendido, la noche se le hizo interminable.
                      Los padres de Helena se sorprendieron ante sus cambios de actitud. Se la veía más determinante, sus posturas de niña mimada e hija única se diluían ante una mirada que transmitía   ferocidad y rebeldía. Por las noches se iba tarde a acostar,  se negaba a estar pendiente si la pareja volvía. Una noche volvió a acontecer lo del hombre llorando, pero lo más sorprendente aconteció un lunes. El cansancio luego de una jornada escolar intensa hizo que fuera más temprano a su cuarto. Luego de leer un rato apagó la luz y al mirar a las muñecas su sorpresa  fue muy grande  al ver que las mismas brillaban bajo una luz azulada. Se acercó a la ventana y descubrió que el cartel de propaganda ya no era el mismo, lo suplió otro, de distintas características que emitía una luz azul. Anunciando la primavera, el arce lucía sus ramas con  brotes  como si fueran millares de zafiros. A los pies del árbol yacía una joven tapada con una capa negra, en partes abierta, por la que sé entrevía un vestido de tules, como de bailarina. Buscó su cara, cuando la luz azul la mostró, reconoció a la amante desconocida, estaba desfigurada y  con una expresión  de terror. Helena se fue a acostar,  esta escena la  había impresionada de tal manera que sintió su niñez  huyendo  para siempre, se tapó la cabeza con la almohada y lloró.
                    Los días primaverales comenzaron a alegrar la vida, el invierno dejó su energía para que ésta se desplegara. Las noches eran tranquilas, solo rompía la armonía el aullido de las sirenas policiales y de las ambulancias. Una tarde, casi a  la finalización de las clases, Helena volvía del colegio, los pájaros aturdían en el frondoso arce, unas vecinas pasaban con sus compras, conversando de manera alterada.- Ella lo mató -¿Quién, la bailarina? - Sí, se querían mucho, pero él la celaba y parece que le pegaba, llegó a desfigurarla. Helena no quiso escuchar más, aparecieron en su mente imágenes dispersas, caras de sufrimiento, el tul de la mujer bajo la  capa, su cara de terror. Aceleró el paso, no podía contener las lágrimas, sintió asco y rechazo hacia algo pegajoso que se adhería a su cuerpo adolescente.  Sintió la necesidad de estar con sus padres y sentirse de nuevo  pequeña, muy pequeña.***

                                     






    martes, 10 de febrero de 2015

    DOS GATOS. ANA MARÍA MANCEDA


    Los amo, me dan paz y a la vez misterio
    Don Gato y Lila
    me acompañan con su ronroneo, exigencias
    y lo más impresionante; sus presencias.
    Mirar ese andar felino, sus movimientos,
    arrollador dormir, es de una estética
    que embellece el espíritu.
    Don gato tiene un universo de silencio
    y juega chispeante con las luces y
    las sombras. Salta a mi regazo y besa
    mis manos, yo lo acaricio y hundo
    mi amor en sus ojos celestes.
    Lila me sorprende con su aguda inteligencia
    refinada, exquisita. Toma el agua con sus
    manos y acaricio ese pelo suave de tigre
    pequeño.  Ellos ¿Qué verán en mí?