EL SUR TAMBIÉN EXISTE

Si fuesen míos los paños bordados de los cielos, tejidos con luz de oro y plata, los paños azules, sombríos y oscuros de la noche, la luz y el crepúsculo, los tendería a tus pies. Pero yo, siendo pobre, sólo tengo mis sueños. he esparcido mis sueños bajo tus pies. Camina suave porque pisas mis sueños. w.b. Yeats





"Pero aquí abajo abajo,cerca de las raíces,es donde la memoria ningún recuerdo omite. Y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible. Que todo el mundo sepa que el Sur también existe" Mario Benedetti.


"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es aullar sin ruido" M. Duras http://t.co/


martes, 31 de marzo de 2015

Carlos Fenoll: multimedia-centenario


Carlos Fenoll, por Palmeral 2012

martes, 31 de marzo de 2015

"Miguel Hernandez, el poeta del pueblo". Libro donde se hacen múltiples referencias a Carlos Fenoll

Direccionar a la página Amazon.es http://www.amazon.es/Miguel-Hernandez-poeta-del-pueblo/dp/150884321X

lunes, 30 de marzo de 2015

"Miguel Hernández, el poeta del pueblo", que he publicado en Amazon, impreso en Gran Bretaña.

Fecha: 03/30/15 12:55:23
Asunto: Mi libro sobre Miguel Hernández

Hola Ana, para tu conocimiento te adjunto información de la publicación de mi libro "Miguel Hernández, el poeta del pueblo", que he publicado en Amazon, impreso en Gran Bretaña.
Me gustaria enviarte un ejemplar, pero no tengo porque se editan bajo demanda.

Un abrazo
Ramón

martes, 24 de marzo de 2015

SOY TRANSPARENTE. AUTOR: Ana María Manceda



                                              Guayasamin "ternura"

Soy transparente
no porque sea bella
etérea, luminiscente,
soy transparente
porque soy mamá
de un hijo adolescente.                                                   

El vaga por la casa
repartiendo de forma dadivosa
calzones, medias, zapatillas.
Soberbia juventud sonámbula
no me ve, no me oye
pasa a mi lado
de figura de fantasma
dejándome la estela
del perfume a esperanza
y se prende, mi amor
en ese aroma.

 Yo sé
que estoy sembrando semillas
que germinarán
cuando él sea padre,
mientras tanto
desde mi transparencia
armo todo los días
este hogar de plantas
perros y gatos.

Soy transparente
tengo un hijo adolescente
pero sé
que en la historia de mi vida
esto es solo un rato.
************************
         
MENCIÓN DE HONOR Y ANTOLOGADO PARA “JUNIN PAÍS” 2003.BUENOS AIRES,ARGENTINA





“ DESDE EL ARBOL ROJO”. ANA MARÍA MANCEDA Cuento Selección de Honor por concurso. En antología “Cinco Sentidos” de CREADORES ARGENTINOS. Abril 2010.

   “ DESDE EL ARBOL ROJO”.   ANA MARÍA MANCEDA
Cuento Selección de Honor por concurso. En antología “Cinco Sentidos” de CREADORES ARGENTINOS. Abril 2010.
                

                                            SHAUN TAN    

                  La luz rojiza fluye a través de las cortinas, iluminando de manera intermitente las perfectas caras de variadas y  exóticas muñecas dispuestas en el anaquel. Algo despertó a Helena, no tenía conciencia de la hora, el calor que irradiaba la calefacción hacia pesada la atmósfera. Aún media dormida captó  la belleza que provocaba la luz en las imágenes de las muñecas. De pronto escuchó un llanto de persona adulta, sonaba único en el silencio nocturno de la ciudad. A los tropezones se fue acercando a la ventana, su grácil cuerpo de trece años recibía los flashes de la luz rojiza, como si en su andar un duende la fuera fotografiando.
               Su cuarto queda en el primer piso de la casa  paterna, desde esa posición se observa el inmenso cartel luminoso que  se encuentra en el negocio de la acera de enfrente, dominando el paisaje urbano. La calle estaba mojada por la pertinaz lluvia invernal, pero lo que más le atrajo la atención fue el soberbio Arce que disimulaba su desnudez emitiendo la luz del cartel. Al bajar la vista vio a un hombre sentado a los pies del arce, las manos en la cabeza, llorando. Transmitía tanta soledad que la niña sintió deseos de bajar y poder consolarlo ¡Imposible! Luego de un rato el desconocido se fue tambaleando. Helena ya no podía dormir, sintió vergüenza  de ir hacia sus padres, prendió la luz y buscó un libro para entretenerse, miró el reloj, era casi la una de la mañana. Al fin decidió anotar en su cuaderno de  “Memorias” lo sucedido, la había impactado el dolor del hombre y la belleza de las imágenes.
                 Desde esa noche, Helena encontró una necesidad misteriosa de esperar la oscuridad, ver el juego de luces que brillaban en las muñecas y la posibilidad que regresara el extraño al árbol rojo. Su joven mente fantaseaba con distintas historias en las que involucraba al desconocido. Hasta que una noche escuchó en la calle murmullos y quejidos, saltó de la cama y corrió hacia la ventana. Una pareja se besaba apasionada bajo el árbol,  sus cuerpos fusionados  se movían rítmicamente. En una de las contorsiones que los amantes ejecutaban, la niña pudo ver el rostro de la mujer, éste tenía una expresión que Helena jamás había visto en ninguna persona, sus ojos abiertos, claros, transmitían un éxtasis cercano al sufrimiento. Toda la escena parecía irreal, la soledad de la calle, el árbol desnudo y  la pasión de la pareja delatada por los destellos rojos que jugaban entre las ramas invernales.  Luego que se fueron, no  pudo dormir, ni leer, ni escribir.  Sentía sensaciones nuevas, sus manos recorrían el joven cuerpo sorprendido, la noche se le hizo interminable.
                  Los padres de Helena se sorprendieron ante sus cambios de actitud. Se la veía más determinante, sus posturas de niña mimada e hija única se diluían ante una mirada que transmitía   ferocidad y rebeldía. Por las noches se iba tarde a acostar,  se negaba a estar pendiente si la pareja volvía. Una noche volvió a acontecer lo del hombre llorando, pero lo más sorprendente aconteció un lunes. El cansancio luego de una jornada escolar intensa hizo que fuera más temprano a su cuarto. Luego de leer un rato apagó la luz y al mirar a las muñecas su sorpresa  fue muy grande  al ver que las mismas brillaban bajo una luz azulada. Se acercó a la ventana y descubrió que el cartel de propaganda ya no era el mismo, lo suplió otro, de distintas características que emitía una luz azul. Anunciando la primavera, el arce lucía sus ramas con  brotes  como si fueran millares de zafiros. A los pies del árbol yacía una joven tapada con una capa negra, en partes abierta, por la que sé entrevía un vestido de tules, como de bailarina. Buscó su cara, cuando la luz azul la mostró, reconoció a la amante desconocida, estaba desfigurada y  con una expresión  de terror. Helena se fue a acostar,  esta escena la  había impresionada de tal manera que sintió su niñez  huyendo  para siempre, se tapó la cabeza con la almohada y lloró.
                Los días primaverales comenzaron a alegrar la vida, el invierno dejó su energía para que ésta se desplegara. Las noches eran tranquilas, solo rompía la armonía el aullido de las sirenas policiales y de las ambulancias. Una tarde, casi a  la finalización de las clases, Helena volvía del colegio, los pájaros aturdían en el frondoso arce, unas vecinas pasaban con sus compras, conversando de manera alterada.- Ella lo mató -¿Quién, la bailarina? - Sí, se querían mucho, pero él la celaba y parece que le pegaba, llegó a desfigurarla. Helena no quiso escuchar más, aparecieron en su mente imágenes dispersas, caras de sufrimiento, el tul de la mujer bajo la  capa, su cara de terror. Aceleró el paso, no podía contener las lágrimas, sintió asco y rechazo hacia algo pegajoso que se adhería a su cuerpo adolescente.  Sintió la necesidad de estar con sus padres y sentirse de nuevo  pequeña, muy pequeña.***

                                 






martes, 10 de febrero de 2015

DOS GATOS. ANA MARÍA MANCEDA


Los amo, me dan paz y a la vez misterio
Don Gato y Lila
me acompañan con su ronroneo, exigencias
y lo más impresionante; sus presencias.
Mirar ese andar felino, sus movimientos,
arrollador dormir, es de una estética
que embellece el espíritu.
Don gato tiene un universo de silencio
y juega chispeante con las luces y
las sombras. Salta a mi regazo y besa
mis manos, yo lo acaricio y hundo
mi amor en sus ojos celestes.
Lila me sorprende con su aguda inteligencia
refinada, exquisita. Toma el agua con sus
manos y acaricio ese pelo suave de tigre
pequeño.  Ellos ¿Qué verán en mí?





sábado, 27 de diciembre de 2014

ABANICOS DEL OLVIDO. Ana María Manceda. Patagonia Argentina




*ABANICOS DEL OLVIDO* Ana María Manceda



 Noche y las sombras de las hojas de los árboles
 nocturnos.
 Abanicos fantasmas refrescando amores
 en  las puertas de los zaguanes.

 El aire del trópico, la música caribeña  de la 

  radio se expande en los recuerdos.

 Día, feria, olores de verduras y frutas.

La humedad y el calor se   adhieren a la eterna piel

de la juventud que iluminará todas las primaveras                                                                                                                   

 por venir. Risas. Puerto y tango.                      
Melancolía. Sonido vibrante. Amores, locos amores.                 
Crepúsculo ¿Ocaso?  Qué importa!
La noche me espera con las sombras de las hojas
de los árboles nocturnos. Fantasmas. Hay un zaguán
largo, muy largo, se oyen suspiros y un suave aliento. 
Y cientos de abanicos deslumbrados, olvidando amores.                                                        

        
                            
                          

lunes, 8 de diciembre de 2014

ANA MARÍA MANCEDA ESCRITORA DE SAN MARTÍN DE LOS ANDES, NOMBRADA EMBAJADORA DE LA PALABRA POR EL MUSEO DE LA PALABRA SITO EN QUERO TOLEDO

Estimado/a Ana María:

Recientemente se te ha enviado el nombramiento de Embajador de la Palabra, con motivo del 23 de Noviembre, Día Internacional de la Palabra como Vínculo de la Humanidad, y se han realizado iniciativas y actividades como celebración de este día. Nos gustaría contar contigo para que el primer día del año 2015, pases a pertenecer al ejército internacional de la paz con la firme voluntad de conseguirla utilizando para ello, exclusivamente la Palabra.

Como siempre, recabamos tus ideas o iniciativas que creas conveniente a fin de aprovechar este torrente de la palabra y la Paz, creando una hermosa ilusión Internacional de países, culturas, civilizaciones y religiones y conseguir la Concordia entre seres humanos de todo el mundo.

Para los que habéis colaborado en alguna iniciativa conmemorativa del Día Internacional de la Palabra tenemos una buena noticia, pues al publicarlo en nuestras redes sociales y en nuestra página, estamos recibiendo miles de mensajes de todo el mundo felicitando y ensalzando vuestras actividades.
10 personas alcanzadas

jueves, 4 de diciembre de 2014

EL ETERNO RICTUS DEL AGUILA. CUENTO. AUTOR. ANA MARÍA MANCEDA MENCIÓN DE HONOR Y EDICIÓN EN ANTOLOGÍA 2004.BUENOS AIRES. ARGENTINA


                   



                   

 Hace mucho tiempo que Joaquín Ibañez no se sentía tan feliz. El Sol pretendía esconderse tras los cerros, pero los últimos rayos jugaban a iluminar, como si fueran teclas de un piano tocadas mágicamente,  la loma congelada de los bosques,  un ángulo del valle o el rostro de Joaquín reflejado en el espejo que había colgado del tronco, haciendo de pilar en la puerta de la casa. Su rostro curtido parecía sereno si no fuese por ese leve rictus que la nostalgia le había puesto como un sello entre la boca y la mejilla izquierda. ¿Sólo  la nostalgia? Ya habían pasado tres años, allí quedaron sus compañeros muertos, otros torturados, tenía la imagen del caos, pudo escaparse pero los fantasmas lo perseguían, para colmo de este lado de la Cordillera la cosa estaba densa  peligrosa, llegaban murmullos de terror desde la capital.                                                                                                                              
         La  jornada había sido espectacular, el aire frío vigorizaba, pero estaba el sol y le pagaron la quincena. Esa noche iba a salir, no ahorraría y aún más no leería a Neruda ni escucharía a Violeta Parra ni a Víctor Jara, solo se reiría, tomaría  pisco y sexo, sexo toda la noche. Siguió afeitándose, por un momento lo quiso dominar la angustia de la nostalgia cuando en el espejo quedó reflejado fugazmente la silueta de los cerros con sus bosques congelados y como siempre parecía que desplegaba sus alas de águila y cruzaba la Cordillera, sobrevolando su amada patria, engarzada entre la tierra y el mar.

         Bañado y perfumado, las once de la noche lo encontró  subiendo despaciosamente la cuesta que lo llevaría a La Casa De La Colina. Al cruzar el estrecho puente  se detuvo a mirar el arroyo que bajaba furioso desde lo alto, el deshielo y las lluvias habían producido su máximo nivel, pero aún así no desbordaba, como si manos invisibles guiaran su derrotero hacia el lago y luego hacia el océano. Por un instante pensó que jamás el hombre tendría esa libertad que tienen las aguas, esas mismas aguas que él estaba mirando pronto serían observadas por gente de su pueblo. Se dijo ¡Basta! Siguió su camino, un viejo Renault lo cruzó, se estremeció, era el cabo Gómez, esa mierda era infaltable en la casa de Doña Catarina de Ouro Preto , ma sí, lo ignoraría, esta era su noche, quería estar con Jacqueline, estar con ella era poseer el océano, oscuro, frío, tumultuoso, era embriagarse de algas y montar estrellas de mar, era conectarse con la inmensidad del desierto de hielos, con los volcanes siempre en acecho. Su piel era como la suya, hecha de tierra dolida, olor a copihue y sabor a soledad.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             Doña Catarina siempre lo distinguía con Jacqueline, esa mujer parecía comprender todo, su mirada chispeaba de hondura y picardía, tenía un instinto casi animal para captar los deseos de sus clientes ¿ Qué vientos la habrían traído a la Patagonia?¿ No extrañaría su tierra cálida y alegre? Que misterioso era el destino de algunas personas. La última parte de la cuesta era brava pero ágil y con todo su cuerpo expectante no sentía la subida, ni bien llegara un pisco le haría reponerse del frío y el esfuerzo. Sonrió, esto no era nada al lado de su huida por la Cordillera, eso sí fue terrible, sin comida, alerta como animal perseguido por sus cazadores, el frío, la oscuridad de los bosques y la mente ocupada con un solo mandato, huir...  huir. Recordó cuando llegó a estas  tierras ¡Cuánto agradecimiento sentía por sus amigas que lo refugiaron en su hogar! Los días pasaron vertiginosos, cuando la cosa se fue calmando y se pudo organizar lo asechó la nostalgia, se le metió en las tripas y ahí quedó. Era como un parásito que le roía el alma, mañana y noche, mañana y noche, muchas veces sucumbía a su poder y lo alimentaba con poemas, canciones, recuerdos, otras lo quería ahogar con pisco, pero nada, solo quedaba su joven cuerpo achacado por la borrachera y la nostalgia seguía ahí, oprimiéndole el pecho.      

         Iba a ser un mes que no venía donde Catarina de Ouro Preto. Esas

Noches  eran como un reposo para los recuerdos, pareciera que lograba vencer por unas horas al monstruo que lo carcomía, quizás lo exorcizara   la nostalgia melodiosa de los tangos o las románticas canciones de Leonardo Fabio, ese sí que le gustaba.

         Al entrar el humo de los cigarrillos lo golpeó, cosa rara en él que las tenía todas, no le gustaba fumar. Entre la niebla se destacaba el decorado rojo y las lámparas adornadas con espejitos de colores que transmitían una luz macilenta pero suficiente como  para ver las muchachas con vestidos que de tanto en tanto destellaban algún brillito de dudosa calidad. El tocadiscos desgranaba la voz plañidera de Fabio que como un alegato al destino le decía a su amada que había sido suya en verano. Sentada en un sillón de raído terciopelo violeta, estaba Catarina de Ouro Preto que con un abanico ostentoso, disipaba el humo y el calor de su cara transmitido por el cercano hogar repleto de leña ardiente. El grueso maquillaje ocultaba su  tez morena, como si quisiera ocultar su mestizaje, pero su porte altivo, su rodete  sanguinolento y sus joyas baratas, producían lo que ella se proponía, impactar como lo que era,  la madama de La Casa De La Colina. Ni bien vio a Joaquín lo llamó con una seña cómplice. Quería a ese exiliado, se reconocía en él, excepto que la Doña disimulaba el rictus con el rojo de sus labios y el rubor en las mejillas carnosas. Joaquín se acercó y se sentó a su lado, pidió un pisco y se relajó. Catarina  charlaba sin cesar y sus ojos retintos titilaban de una cierta ternura alcohólica. Jacqueline ya vendría, estaba con un cliente. Algunas parejas salieron a bailar un tango, todo el espacio estaba envuelto de olor a sexo y desesperanza. Al rato la vio bajar por la estrecha escalera que llevaba hacia los cuartos. Estaba desaliñada y llorosa, Joaquín se levantó como un resorte y corrió hacia ella .-¿Qué té pasa?  Abrazó a la frágil joven.- No  te lo puedo contar Joaquín, ya pasará.- No vení, bailemos y  contame. Se metieron entre los otros bailarines, ella se sentía agobiada, él quería poseerla ahí mismo, había esperado tanto esos momentos, sus piernas se entrelazaban siguiendo el ritmo del tango, le acarició la cabeza mientras la miraba —Contame Jacqueline.                              —Ese animal...  es un castrado, necesita la violencia—dijo  sollozando.   De pronto se quedó atónita mirando hacia la escalera, Joaquín se volvió. El cabo Gómez los estaba observando, su rostro furioso mostraba las mejillas lastimadas y su mirada... esa mirada que él conocía. Todo ocurrió en un segundo, el brillo de la hoja del cuchillo buscó el tierno pecho de la joven y él se interpuso. Sintió un caliente y dulce flujo que salía de su vida y se sintió caer, como en cámara lenta. El silencio humano era total, solamente la voz del disco ignoraba el drama “Ya nunca me verás como me vieras, recostado en la vidriera... esperándote...” Los aterrados rostros de Jacqueline y Catarina de Ouro Preto parecían mirarlo desde un abismo oscuro, lejano, sin retorno. Joaquín Ibañez  tendido en el piso del prostíbulo creyó estar sonriendo, esa noche brillante de Agosto en la que etéreas plumas de nieve iban cubriendo finamente las calles y los techos del pueblo, espiadas por algunas estrellas rebeldes que parecían expulsar lágrimas de luz. Se vio elevar y volar como un águila allende la cordillera, deslizarse como planeando por la larga y estrecha lonja de su herida tierra, consolada por las aguas del mar. Creyó que sonreía, pero su boca era un rictus como si señalara un camino hacia la eterna libertad.

ACLARACION: Los personajes son el resultado de la imaginación del autor, cualquier coincidencia con personajes reales es producto de la casualidad