EL SUR TAMBIÉN EXISTE

Si fuesen míos los paños bordados de los cielos, tejidos con luz de oro y plata, los paños azules, sombríos y oscuros de la noche, la luz y el crepúsculo, los tendería a tus pies. Pero yo, siendo pobre, sólo tengo mis sueños. he esparcido mis sueños bajo tus pies. Camina suave porque pisas mis sueños. w.b. Yeats





"Pero aquí abajo abajo,cerca de las raíces,es donde la memoria ningún recuerdo omite. Y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible. Que todo el mundo sepa que el Sur también existe" Mario Benedetti.


"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es aullar sin ruido" M. Duras http://t.co/


lunes, 24 de noviembre de 2014

Juan Goytisolo gana el Premio Cervantes 2014(Juan Goytisolo, de la censura franquista al Cervantes 2014)

Juan Goytisolo gana el Premio Cervantes 2014

  • Su nombre lleva sonando varios años para el galardón
  • Su obra se compone de novela, ensayo, memorias y libro de viajes
  • El premio, dotado con 125.000 euros, será entregado por Felipe VI
Programas para todos los públicos
RTVE.es 24.11.2014 - 13:48h
El escritor catalán Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) ha sido galardonado con el Premio Cervantes 2014, el más importante de las letras hispánicas y considerado el Nobel español. Así lo ha anunciado José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deportes, y miembro del jurado que concede el galardón.
Ganador del Premio Nacional de la Letras en 2008, Goytisolo (como su hermano Luis) llevaba varios años sonando como favorito al premio. Su obra, multigénero, se compone de novela, ensayo, memorias y libro de viajes. Miembro de la Real Academia Española, fue elegido el 24 de marzo de 1994 para ocupar el sillón C.
Según Wert, el escritor, que reside en Marrakech, ha agradecido el galardón aunque no se encontraba hoy en buenas condiciones físicas "por un resfriado, nada serio". El jurado ha destacado además en la obra de Goytisolo las "propuestas estilísticas complejas desarrolladas en diversos géneros literarios", además de su voluntad de integrar "las dos orillas, a la tradición heterodoxa española y por su apuesta permanente por el diálogo intercultural".
La méxicana Elena Poniatowska, última gandora del Cervantes, elogió la capacidad de Goytisolo para unir las literaturas de los dos continentes y Caballero Bonald, gaandor en 2012, ensalzó la trectoria de un intelectual heterodoxo que es una "figura cabal" de la cultura.
El premio, creado en 1975 por el Ministerio de Cultura, está dotado con 125.000 euros y reconoce la figura de un escritor que con el conjunto de su obra haya contribuido a enriquecer el legado literario hispano.

Un inconformista cosmpolita

Goytisolo nació en una familia marcada por la muerte de su madre en 1938 a causa de un bombardeo de la aviación nacional. Su rechazo a la España tradicional y conservadora, compartida con sus hermanos José Agustín -poeta ya fallecido- y Luis -ensayista- le llevó a autoexiliarse en 1957, fecha en la que se instala en París para trabajar como asesor literario en la editorial Gallimard.
Este puesto en una editorial tan importante le facilita una influyente posición como intelectual español conocido en el extranjero, que luego ha cultivado con artículos en periódicos como El País o labores de corresponsal en países como Bosnia y Chechenia.
Su primera etapa va muy en línea con el realismo social de la época , con obras como Juegos de manos (1954), y Duelo en el paraíso (1955). Tanto en estas primeras obras como en la trilogía formada por El circo (1947), Fiestas (1958) y La resaca (1958) destaca su pensamiento antiburgués, actitud que defendió en el texto Problemas de la novela (1959) y Campos de Níjar (1960).

Prohibido durante el franquismo

Estas críticas le valen que su obra sea prohibida por la censura franquista en 1963 hasta la muerte del dictador. Entre 1969 y 1975 fue profesor de literatura en universidades de California, Boston y Nueva York, lo que le forja un espíritu cosmopolita que ha mantenido durante toda su vida
En esas fechas evoluciona a una etapa más experimental, donde aplica técnicas de la novela moderna. El cambio se produce en Señas de identidad (1966) y continúa con las otras dos novelas que le siguen, Reinvidicación del conde don Julián (1970), y Juan sin tierra (1975).

La última página de este libro, escrita en árabe, marca también el paso a un nuevo momento de su carrera, inclinado hacia la cultura árabe. De hecho, desde 1996 tiene su residencia fijada en Marrakech. Esta relación con el Magreb le fue reconocida en abril de 2007, cuando se puso su nombre a la biblioteca del Instituto Cervantes en Tánger. Entre sus útimos títulos destacan Makbara (1980), La saga de los Marx (1993) y Carajicomedia (2000).

Felipe VI entregará el galardón en abril

El jurado estaba compuesto por los dos últimos ganadores del Premio (Elena Poniatowska y José Manuel Caballero Bonald), un miembro de la RAE, un miembro una de las Academias de la Lengua Española de América y Filipinas, dos representantes del mundo aniversario de España y América latina, dos representantes del periodismo cultural propuestos por las asociaciones de prensa, el director del Instituto Cervantes (Víctor García de la Concha), y el ministro de Educación, Cultura y Deportes (José Ignacio Wert).
El ganador recogerá el premio el próximo 23 de abril (fecha del fallecimiento de Miguel de Cervantes) en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.

jueves, 25 de septiembre de 2014

MI JUVENTUD, NERUDA Y LA VIDA Ana María Manceda. (En antología Mil poemas a Neruda)



MI JUVENTUD, NERUDA Y LA VIDA

 Ana María Manceda.  



He sido joven y he vivido Pablo
he cantado al silencio, he amado
lo necesario.
Entre lo amado estaban las lecturas,
tus poemas, y un destino transitado
…y la ternura leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en el cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio”…

Y la juventud pasó, la vida pasa
y una se aferra a los recuerdos y a esos
amores postergados.
Las pupilas aún brillan pues han vivido tanto
y tus poemas son testigos de algún escondido
llanto.
…”Recuerdo el rincón oscuro
en que lloraba en mi infancia
los líquenes en los muros
las risas a la distancia”…

He sido joven y he vivido Pablo
tú me ayudaste a descubrir
olas, crepúsculos, estrellas, brasas,
vientos, palomas, sonidos, amar.
…”Era la sed y el hambre, y tu fuiste la fruta
era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro”…





En homenaje a Pablo Neruda “Mil poemas a Neruda” de Alfred Asís





jueves, 21 de agosto de 2014

EN BUSCA DE JAIME CHONG :ANA MARÍA MANCEDA

                                           Dohko.jpg    

                   

         Al llegar quedó como plantado ¿Cuándo y cómo había decidido regresar? Sintió  un cachetazo de luz blanca, la belleza de la ciudad penetró todos sus sentidos, como un autómata comenzó a caminar mezclándose entre el gentío. El aire propagaba el olor del “ chupe” con tripas de carne, seguro estaba cerca de una “Picantería”, decidió buscarla,  tenía hambre, se le hacía difícil avanzar, el pueblo estaba de fiesta, era la semana de festejos conmemorando su fundación, por la noche habría fuegos artificiales en la Plaza de Armas. El colorido de las ropas de los pueblerinos, la música, los bailes espontáneos, los estandartes, los iconos religiosos, las construcciones coloniales y las casas blancas, donde las piedras de “sillar” volcánicas reflejaban la eterna luminosidad del lugar, le provocaron un nudo en la garganta y no pudo evitar las lágrimas. Su cámara fotográfica colgaba inerte sobre su hombro, hecho curioso, él que sólo vivía para el sonido del  “ flash”. Tuvo conciencia de su ser, estaba en el lugar donde había nacido, Arequipa. Recordó qué vientos lo habían llevado a volver a su continente, la enfermedad de su madre produjo la decisión de regresar a Buenos Aires, dejó su apasionado deambular por el mundo en busca de la imagen perfecta de una erupción volcánica, era un irredento “ Cazador de volcanes”, sí dejó todo y  acompañó a Tina hasta el último momento. Luego de tantos años de silencio pudieron reencontrarse  en las profundas charlas que se debían, la separación con su padre la había destruido, no tuvo el valor para enfrentar a su familia de origen italiano que rechazaba desde los inicios la relación de Tina con un hombre de raíces indígenas por médico que fuere, la constante tensión había desgastado al matrimonio, ella decidió regresar con sus padres a Buenos Aires, junto a su hijo, pero Manuel ya era adolescente y jamás olvidaría el lugar de los Andes peruanos en que había nacido y criado, esa tierra lo poseía hasta esculpirlo en sus rasgos. El anochecer los sorprendía  con una cierta placidez por las horas de confesiones respecto a la fuerte historia familiar.

                                 



 Cuando la primavera se anunciaba en los paisajes porteños, Tina murió y su niñez pareció refugiarse en ese instante. Ocurrió todo muy rápido, tuvo necesidad de respirar su tierra natal, la de los Córdoba Fonseca y ahí se encontraba.
         Se sintió guiado por los olores pero no pudo evitar mirar hacia donde todo su cuerpo se lo pedía, el cosquilleo lo atravesaba hasta el estómago, ahí estaba el            ” Misti”, bello, imponente. Su cono nevado le daba una apariencia de inocente expectativa, como disimulando su terrible pasado de erupciones destructoras, él no le creía, sabía que estaba alerta, amenazando. Decidió concentrarse en su hambre, allí se veía una banderilla roja, un antiguo símbolo que denunciaba la presencia de la   “Picantería”, entró. El ambiente estaba habitado por el humo despedido por la cocina de adobe, donde ardían leñas de sauce calentando la olla de barro que cocinaba los guisos y potajes. Los rayos del sol, penetrando por las claraboyas, jugaban con la humareda, ennegreciendo aún más las paredes. Se sentó y tuvo la certeza que no habría nada que lo hiciera más feliz en ese momento, estaba en el templo donde se refugiaban las sustancias y los sabores de las comidas típicas que arrastraban una historia milenaria de ese lugar de los Andes. Comió con deleite el chupe con  tripas de carne de res, chicharrón, rocoto, verduras y tostado. Pidió una cerveza arequipeña bien fría, al beberla sintió como una caricia fresca en su ardiente paladar, el rocoto le hacia arder la lengua, sonrió al recordar que llamaban ½ Hot a ese pimiento verde peruano, debido a que picaba lo suficiente pero no tanto como para no sentirle el sabor. Mientras disfrutaba de la comida veía pasar por las vitrinas a la gente alborotada por la fiesta, sus caras de típicos  rasgos indígenas y mestizos le hizo recordar a su casi centenaria abuela, Doña Ñust’a  Amaru. Entre el gentío se mezclaban extranjeros que sacaban fotos sin cesar, su cámara posaba en la silla de al lado, como la compañera que era, sabía que en esos momentos el silencio debía mitigar el impacto de la nostalgia. Miró la hora, a las tres de la tarde iría a la Iglesia, no sabía con qué se encontraría. Ni bien había arribado al hotel le envió una esquela al viejo, en respuesta le dio la cita para esa hora. Decidió que recién al otro día iría a la casa de su abuela, por ser la primera jornada eran suficientes las emociones. Salió reconfortado a caminar por las calles de su infancia, sentía como si su verdadera piel cubría nuevamente su cuerpo, sumido en sus pensamientos caminó por más de media hora, unos niños lo atropellaron y lo hicieron volver a la realidad, los recuerdos quedaron en una noche de riña de gallos que junto a su padre estaba presenciando, ahí fue donde conoció a Jaime Chong.
         Dentro de los “Coliseos” arequipeños era uno de los más humildes pero eso no evitaba la presencia de ilustres profesionales, políticos, artistas que se citaban los domingos a presenciar la riña de gallos. Éstos, de hermosos colores, siempre prestos para el combate y con sus espolones especiales diseñados para la lucha, enardecían a las multitudes  que apostaban frenéticamente por sus favoritos. El Doctor José Córdoba Fonseca ignoraba su existencia de médico, de padre de familia, de  conflictuado humano descendiente de etnias marginadas, sólo existía ese momento, su cara se transfiguraba,  su adrenalina lo llevaba al vértigo, le  hacía doler las mandíbulas, lo erguía a la máxima tensión, tenía que ganar. A su lado en una actitud supervisora y delirante, con sus párpados oblicuos cubriendo la mirada sobre  todo el espacio y lo que allí ocurría estaba su amigo, mestizo de indígena y chino, Jaime Chong, el gallero. Éste al ver al joven con cara de espanto ante la feroz y sangrienta riña y a la vez de orgullo de acompañar a su padre en el espectáculo que se consideraba sólo para hombres, lo tomó del hombro y le dio unas palmadas, su cara de marfil arrugado le sonrió  y Manuel supo, con sus catorce años, que había encontrado un amigo para toda la vida.
         La pequeña Iglesia tenía el aspecto lógico de una estructura del siglo diecisiete, pero a pesar de la antigüedad, de su evidente cansancio, lucía triunfante sobre el paso de los siglos y las catástrofes sísmicas y volcánicas propias de la región. La perenne luz provocaba el resplandor de sus casi blancos muros pero un amarillento matiz indicaba que el sol recién se alejaba del cenit. Manuel sintió el impulso de entrar, tenía unos minutos antes de las tres  pero para su sorpresa el portón delantero estaba con candado, rodeó el lugar buscando alguna puerta lateral, en una de sus vueltas encontró un pequeño laberinto donde al final se veía una diminuta puerta de madera la cual se abrió fácilmente. La nave de la Iglesia estaba solitaria, la luminosidad que entraba por los vitrales casi lo cegaba, buscó la imagen de Cristo en el altar superior, al bajar la vista se sorprendió  ante la figura de un campesino arrodillado, su actitud era piadosa y de penitencia. Sobre su sombrero que se parecía al de un espantapájaros, mágicamente volaban  con una sutil coreografía, una bandada de golondrinas que parecían desafiar al lugar sagrado, al tiempo detectado por los humanos, a los sentidos, a la realidad. El campesino  volvió su mirada hacia Manuel, sus ojos oblicuos lo miraban desde su misteriosa existencia.
         Ya fuera de la iglesia se abrazaron, la apariencia casi cómica del gallero hizo sonreír al fotógrafo, había algo en él de sobreactuación, desconfiaba de su humildad ya que había sabido por su padre de la riqueza que había acumulado con las apuestas de las riñas de gallo y respecto a su religión no dudaba que tenía un origen sincrético personal e intransferible.
—Manuel—le dijo entregándole un paquete—, quería darte esto, se lo olvidó tu padre uno de los Domingos cuando estaba en la ciudad, pero con el tiempo supe que no fue un olvido sino un mensaje para vos.
Caminaron un largo rato, Manuel sintió en su madurez que su vida se prolongaba en la del viejo, charlaron  y se acompañaron con silencios, quedaron en verse en esos días de su estadía en Arequipa, juntos irían a lo de Doña Ñ’usta. Ni bien se despidieron Manuel corrió hacia el hotel, al llegar a su habitación se tendió en la cama y abrió ansioso el paquete, adentro  tenía una tela que envolvía el contenido, al abrirla le pareció detectar un olor que había sentido en una de las excursiones que realizaba con su padre por los montes. Nervioso abrió la tela, quedaron expuestos ante su mirada emocionada unas hojas secas y casi pulverizadas que inmediatamente reconoció como de la planta de coca, una pequeña botella de pisco, un pequeño envoltorio que contenía un puñado de tierra y “ apachetas”, cúmulos de pequeñas piedras. En una hoja escrita de puño y letra de su padre decía,    “ Ama sua, Ama Llulla, Ama Quella” “No robes, no mientas y no seas perezoso”. Manuel supo que era la ofrenda de los quechuas a las fuerzas de la naturaleza, a los dioses, a la Pacha Mama, su Madre Tierra, cuando van a iniciar la siembra. Comprendió el mensaje y sintió el  profundo significado de sus raíces. Una sensación de paz lo fue invadiendo, lo hacía volver de otras dimensiones, como si fuera saliendo  diluido entre el magma que derramaban los volcanes que él locamente perseguía, como si fuera esculpiendo una nueva geografía de su vida. La paz, quizás pudiera cristalizarla a partir de ahora, ahora, que los volcanes más amados se habían apagado.***


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Tercer Premio Certamen Internacional “CENEDICIONES”,Córdoba Argentina 2007 y editado en Antología “MENSAJEROS LITERARIOS















lunes, 18 de agosto de 2014

UN DÍA COMO HOY, 18 AGOSTO DE 1936 FUE FUSILADO EN ESPAÑA FEDERICO GARCÍA LORCA








UN DÍA COMO HOY DE 1936 FUE FUSILADO EN ESPAÑA FEDERICO GARCÍA LORCA A COMIENZOS DE LA GUERRA CIVIL

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros,1 Granada, 5 de junio de 1898 – entre Víznar y Alfacar, Granada, 18 de agosto de 1936)2 fue un poeta, dramaturgo y prosista español, también conocido por su destreza en muchas otras artes. Adscrito a la llamada Generación del 27, es el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura española del siglo XX. Como dramaturgo, se le considera una de las cimas del teatro español del siglo XX, junto con Valle-Inclán y Buero Vallejo.

Murió fusilado tras la sublevación militar que dio origen a la Guerra Civil Española.

La Casada Infiel-Recitado-García Lorca

jueves, 7 de agosto de 2014

“ QUERIDOS AMIGOS” CUENTO . AUTOR: Ana María Manceda.

                                   promenade of automne.Mihai Criste


                La tarde tibia y luminosa era una  fiesta. Ya se sentía en el aire el típico olor a azahares y los gorriones aturdían desde la arboleda de la calle siete. Octubre en La Plata, Anouk iba hacia el encuentro de Michael, estos nombres la divertían, había sido una  propuesta del profesor de la Alianza Francesa que  cambiaran sus nombres por seudónimos franceses, ellos aceptaron. Michael estaba esperándola en el  Café, sentado en una de las mesas de la vereda, con sus ojos verdes chispeantes de picardía, como asegurándole otro encuentro divertido. Se saludaron y la tarde estalló de primavera. Tenían que repasar lecturas y memorizar poesías; Sartre.. .Jacques Prévert. Las risas interrumpían  los estudios como compitiendo con el bullicio que producían los gorriones. En un momento de  extraño silencio la mesa se fue oscureciendo, toda la energía fluía en cámara lenta. Una sombra se interponía entre el sol del atardecer y la mesa repleta de libros, cafés, puchos y las juveniles siluetas. Levantaron la vista; altanera, inmensa,  doña Teresa los miraba desde su altura de matrona adinerada, envuelto su gordo cuello  con cadenas de oro. Una niña de unos doce años, de aspecto humilde, estaba a su lado, haciendo equilibrio con los paquetes de las compras de la doña. Saludos corteses, miradas huidizas y ahí partieron  la matrona y  su pequeña víctima. Ni bien se alejó la extraña pareja, la risa estalló entre los amigos, luego prosiguieron sus lecturas. Llegando a la Alianza reconocieron a lo lejos la figura alta y  con tendencia a la obesidad de Amelie. La querían mucho, era una treintañera con mohines de adolescente, solidaria y buenaza. Amelie los esperaba ansiosa, necesitaba de ellos, eran su salvación, ese fin de semana organizaría un té en su departamento del cual sería invitado especial el hombre por el cual, según ella, estaba  rechiflada. Alberto era maestro, morocho y ayudante de un cura en una villa de emergencia, su madre, doña Teresa, lo detestaba. Si ellos iban ayudarían a Amelie a distraer a su madre y aflojar tensiones. Por supuesto los amigos aceptaron, no sin gastarle bromas y pidiéndole la tarta de frutillas de la cual Amelie era especialista.
                                             

              Llegaron cuando el sol jugaba a esconderse tras la fronda de los tilos. No quisieron esperar el ascensor, subieron los dos pisos tomados de la mano, entre saltos y comentarios risueños. En un momento Anouk sintió como que algo la afligía, giró la cabeza hacia atrás y le pareció percibir que una sombra grotesca iba hundiendo los escalones por ellos pisados, fue un segundo, la angustia desapareció al llegar al elegante departamento. Al sonar el timbre abrió la puerta la chiquilla-víctima. Los jóvenes amigos miraron con ternura a la patética presencia vestida con delantal y cofia de puntillas, entraron a la sala donde se serviría el té. Como siempre estaban tentados por la risa, pero debieron admitir en su fuero íntimo que el departamento estaba decorado con muy buen gusto, donde se mezclaban objetos antiguos y modernos de alto valor. Se sentaron e inmediatamente entró doña Teresa, elegante, dominante, en su mano portaba una campanilla de plata, sus dedos estaban adornados con anillos de oro, uno de los cuales lucía un zafiro cuyo brillo azulado parecía querer hipnotizarlos. Al sentarse hizo sonar la campanilla, como aparecida de la nada llegó la chiquilla con masas y confites. Al rato arribó Alberto y Amelie radiante salió a recibirlo. Su atuendo escapaba del buen gusto dado el tipo de invitados y la hora de la reunión, el vestido  de lamé resaltaba su gruesa figura, pero su cara parecía competir con el brillo de la tela, irradiando una luz que solo provoca el amor.
               Alberto, de manera apasionada, comentaba los problemas sociales de la villa. Anouk pensaba que a pesar de las ricas tortas, la suave melodía, la elegancia del lugar y algunas risas de compromiso, era un sufrimiento estar en esa jaula de oro de atmósfera surrealista. Con Michael aceptaron una copa de Jeréz, milagrosa bebida que aflojó un poco la tensión que fluía en el lugar. De pronto, Alberto, siempre espiado, despreciado, por la mirada atenta de doña Teresa, comenta que pidió una licencia de seis meses en el colegio para acompañar al Padre en un trabajo social  en el Noroeste. Pobre Amelie, se apagó, se marchitó y su madre se iluminó. La fiesta no daba para más, Alberto se despidió, con un dejo de dignidad Amelie lo acompañó hasta el ascensor, cuando regresó parecía destruida. Los amigos aprovechaban para  retirarse pero su compañera les pidió que se quedaran un rato más_ Les traigo los poemas de Prévert, ya vuelvo.
                   Otra copa de Jeréz y la charla se hizo amena; películas, actores, pinturas. El tiempo pasó, Amelie no regresaba. La niña fue enviada a buscar a la señorita, sus compañeros ya se retirarían. Un chillido de terror invadió la casa, corrieron hacia el interior, la chiquilla estaba al lado del ventanal que daba por medio de un balcón hacia la calle, se fueron acercando. Anouk, asustada, se aferraba al brazo de su amigo. La doña, que había llegado primera al balcón, se balanceaba como una masa sin sentido. De una de las ramas más gruesas de un añoso Tilo, pendía el cuerpo ahorcado de la desgraciada Amelie. Una atmósfera de irrealidad rodeaba a la escena, lo único que escapaba de la tragedia eran las frondas de los árboles que se tocaban por el susurro de la brisa, dejando pasar las luces de neón que iluminaban la silueta inerte de Amelie.
                  Pasaron los años, otra juventud, otras sombras recorren la calle siete, pero siempre en cada primavera resurge el canto de los gorriones que habitan su arboleda, como festejando juveniles risas y los sonidos fantasmales de poéticas voces que recitan poemas de Prévert :


“... Y después dormirnos, despertarnos, padecer, envejecer.
Dormirnos de nuevo. Soñar con la muerte. Despertarnos, sonreir y reir
y rejuvenecer...”***

                                                      


EN ANTOLOGÍA JUNÍNPAÍS 2007



miércoles, 30 de julio de 2014

***“ EN EL PUEBLO DE LOS GINKGO BILOBA”. ANA MARÍA MANCEDA. HOMENAJE A MI PAÍS CONTRA LOS FONDOS BUITRES AUNQUE FUE ESCRITO EN 2003

***“ EN EL PUEBLO DE LOS GINKGO BILOBA”. ANA MARÍA MANCEDA. SELECCIONADO PARA ANTOLOGÍA.EDIT.NUEVO SER.2003.



                 El sol amenaza arder sobre las dunas. La hilera de seres harapientos se desplaza sobre la arena. Es gente aún joven y fuerte, entre ellos hay niños, de rasgos bellos, se puede distinguir en sus facciones los rasgos de las distintas etnias terrestres, pero todas esas cualidades están escondidas por la suciedad de sus cuerpos y sus ropas. Un color humo rodea la imagen de los vagabundos, a pesar del oro del desierto se ven como andrajosos mutantes que vagan sin destino. Las poblaciones rechazan su presencia, son los leprosos del siglo veintiuno. Fueron los dueños del mundo en la era de los millonarios electrónicos; el   “ Capital”  fluía con libertad, Las Grandes Corporaciones Transnacionales eran buques sin banderas que navegaban con sus capitales por las aguas de Internet. Fundían países y enriquecían regiones en horas, causaban el mismo desastre que la fuga de los gases tóxicos de una industria pesticida, pero ellos seguían  su veloz viaje de piratería con sus “ Bancos Fantasmas”. Así estaba el mundo globalizado, con políticos y burócratas corruptos e  incapaces de seguir la velocidad de sus comunicaciones y transferencias. Barrieron con siglos de un orden social injusto pero con cierto equilibrio, desaparecieron la actitud ética, la moral, la dignidad. Pero la catástrofe llegó, explotó como una bomba debido a la volatilidad del Mercado Mundial, y este grupo de gente, habitantes de barrios exclusivos, de vidas privilegiadas, poseedores de riquezas inimaginadas para el hombre común, perdió la “ Espada, la Joya y el Espejo”.*
               Al principio, desconcertados, se unieron, se ayudaron, pero era tal la miseria que comenzaron su éxodo por el mundo, comiendo lo que encuentran y bebiendo de las aguas de escasos manantiales. La gente de los pueblos por los que pasan, los insultan, tirándoles piedras y sumiéndolos en el escarnio. Sus caras tienen la expresión de la nada, quizás llevan en sus mentes, recuerdos de los paraísos perdidos, de una vida obscena y amoral.
               Entre la muchedumbre van Takeo y su hija Amaterasu, siempre tomados de la mano. Sus semblantes reflejan sentimientos humanos, ausentes en los demás. Uno puede ver en ellos angustia, sorpresa, emoción. Takeo fue un poderoso Shogum financiero, amó  profundamente a su esposa Kono-Hana, rica heredera, en honor a ella y para merecerla había levantado un Imperio. Cuando su mujer murió solo se asió a la vida por su hija Amaterasu, luego devino el Crak Mundial y comenzó el peregrinaje. En esa travesía sin tiempo, la niña cuida de su padre y juntos comentan la puesta del sol, la maravilla de un eclipse, el nacimiento de una flor. Reconocen los pájaros por su canto, habilidad que aprendieron de Kono- Hana, gran conocedora de la naturaleza. Esas fugaces emociones son asfixiadas  ante el maltrato que reciben por los pueblos que pasan, observando a la vez la  pobreza y la falta de alegría de esa gente, era como si una lluvia de tristeza hubiera caído sobre el planeta.

               Una tarde pasan por uno de los tantos pueblos humildes, pero éste tenía algo distinto, denotaba organización y pulcritud. El padre y la niña se alejan del grupo, se adentran entre sus calles, les parece no percibir violencia entre los pobladores. Las veredas estaban arboladas de majestuosos Ginkgo Biloba, cuyas hojas en forma de abanico parecían aventar la fatiga de los forasteros. La admiración iba creciendo a medida que descubrían la peculiar vida de sus habitantes, la alegría dominaba la actitud de los mismos. Las mujeres cantaban mientras realizaban sus quehaceres, algunas familias merendaban en los patios delanteros de sus casas mientras los niños jugaban en las veredas. Al pasar los miraban curiosos, el olor de las comidas caseras era exquisito. Se veían jardines, huertas, granjas, todo amorosamente cuidado. Los muros, cual páginas de los libros, estaban pintados con imágenes de historias y leyendas, seguramente de esa región, adornados con bajorrelieves que representaban las hojas en abanico de los Ginkgo Biloba, el árbol sagrado de ese pueblo. Otra cosa sorprendente era la manera y el tipo de conversación que sostenían; hablaban de proyectos, las palabras salían musicalmente, se enlazaban, se enhebraban y confluían en sueños y utopías. Amaterasu se emocionó y más que nunca anheló estar con su madre para compartir ese lugar y esos momentos. Se detuvieron a mirar como trabajaban un carpintero y un herrero mientras tomaban un refresco y charlaban. La niña sintió la necesidad de pedirle a su padre la foto de la familia en los tiempos felices, Takeo, apesadumbrado,  le contestó- Los duendes del imperio me arrebataron tan precioso tesoro. En ese momento los artesanos levantaron la vista y sonrieron al padre y a la hija, les convidaron refrescos, reconocieron en ellos cierta magia.
                  El sol se estaba ocultando. Se veía  distante, cruzando las colinas, la hilera de harapientos que se alejaba. Takeo y Amaterasu  fueron invitados a compartir esperanzas en el pueblo de los Ginkgo Biloba.  Al pasar los días, la gente se reunió para, en ceremonia solemne, entregar al padre y a la hija, el símbolo que les correspondía como ciudadanos del lugar. El herrero y el carpintero se acercaron  con un hermoso estuche de madera en cuya tapa se encontraba exquisitamente tallada la hoja del árbol sagrado. Takeo sintió un escalofrío y lo invadió el pánico, creyendo adivinar que dentro habría una joya y  se dijo- Todo comenzará nuevamente. Al abrir la tapa, Amaterasu se sorprendió al ver el estuche vacío, pero su padre emocionado vio en el fondo del mismo el bello rostro de su hija reflejado en un espejo.****
*Dentro del mundo de los negocios la espada es la fuerza, la joya la riqueza y el espejo el conocimiento  (Alvin Toffler)



miércoles, 23 de julio de 2014

NADA ES MÁS BELLO. Ana María Manceda





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        Nunca imaginé que en este viaje de reencuentro con mi hijo recibiría la noticia más deseada; su regreso definitivo a Madrid.
         Llegué  al aeropuerto de Arlanda por la mañana, René me estaba esperando con la cara encendida de emoción ¡Qué felicidad! Es la primera vez que lo vería  tocar con la filarmónica  en el Teatro Real de la Ópera de Estocolmo. Abrazados esperamos el tren, en quince minutos estaríamos en el centro de esta bella ciudad posada sobre catorce islas en el punto que el lago Mälaren se une al mar Báltico. Cuando bajamos sentí que entraba a un mundo mágico, no solo era por la belleza de los edificios barrocos o neobarrocos, sino también por su atmósfera  transparente, con halos que jugaban en el aire formando dibujos geométricos con el colorido del arcoiris, luego me enteré que eran microscópicos cristales de hielo que a manera de prismas descomponían la luz.
         Al otro  día de mi llegada ocurrió el gran acontecimiento, René partió temprano hacia el  teatro, yo iría a la hora del concierto pues recorrería parte de la ciudad. Fue un muy buen paseo, ya cerca de entrar al teatro admiré la iglesia roja de Sant Jakobs que estaba detrás de la estatua de Gustav Adolfo II, enfrente del maravilloso  Teatro Real de la Ópera. 
        Con la sala colmada y reluciente  saboreé la espera. Comenzó el concierto, la melodía del  “Bolero de  Ravel” me seducía, busco la silueta de mi hijo, allí está, en la tercera fila, imagino en su cara la expresión de deleite mientras ejecuta su violín.
        Al terminar la función lo espero en el hall del teatro, iríamos a comer algo al restaurant Operakällaren de estilo neobarroco que se encuentra en el mismo edificio. Siento los brazos de René.
─Madre ¡Qué felicidad tenerte! Vamos a comer algo.
 Mientras comemos me sorprendo al mirar por la ventana; unas plumas de nieve  se balancean en al aire hasta caer en la vereda.
─Bella ciudad René y el teatro, el concierto, todo parece un cuento, pero estar lejos es doloroso hijo.
─Ya no va a ser  así, pienso regresar a Madrid con ustedes─ dijo terminante
 ─¿Qué ocurre? ¿Y esa decisión?
 ─Mirá, ya es bastante haber dejado la Argentina, extraño mucho. Además el idioma y otra cosa, me respetan, me valoran como músico pero yo siento una fina discriminación. Siempre me ubican en la tercera fila y yo sé que estoy preparado para otro rol en la orquesta.
Lo miré estupefacta, no quise emitir opinión, estaba aturdida ¡Suecia es uno de los países  de mejor estándar de vida y de cultura¡ Le tomé la mano, sabía que faltaba tiempo y sabiduría para extirpar ese prejuicio hacia  pueblos latinoamericanos. Miré las plumas de nieve que caían, era una manera de querer atrapar el espacio y el tiempo. Miro a mi hijo,  le acaricio el pelo oscuro que parece brillar como los halos de hielo y supe  que  nada era más bello que ese instante.-